miércoles, 18 de abril de 2018

El color de la forma #3



DUMKA fue otro documental dirigido por Sergei Parajanov (esta vez para el Studio Film de Kiev), limitado a la filmación del coro Nacional interpretando diversas piezas, con la soprano B. Roudenka y el tenor M. Yegorov al frente, interpretando temas de Filippenko, Kropyvnytsky o Zhukovsky. En definitiva, un bonito espectáculo para los amantes de la música clásica y un nuevo paso adelante en la gestación del gran cineasta que iba puliendo pacientemente su estilo. Por lo demás, poco más que añadir en esta pequeña rareza de apenas media hora.
Saludos.

martes, 17 de abril de 2018

Wajda. Brillo y dominio #33



Una vez más, la Historia hace justicia por sí misma y coloca a cada uno en su lugar, otorgando los méritos precisos y despejando dudas razonables. Steven Spielberg declaró en su momento que su "Schindler" tomó forma en el preciso momento que vio un film de Andrzej Wajda llamado KORCZAK. Al menos Spielberg fue honesto, y eso le honra, pese a las muchas diferencias, dentro de las similitudes, que ambos trabajos tienen entre sí. Janusz Korczak fue un hombre íntegro, un ser humano que vivió en el peor sitio y el peor momento posible; escritor y médico, su verdadera vocación fue la enseñanza, y la toma de Polonia por el nazismo lo sorprendió mientras dirigía un orfanato en Varsovia. Korczak era un humanista y un renacentista, un ilustrado cargado de razón moral, contra la sinrazón inmoral de la fuerza. Su historia es la historia de un hombre superado por sus contradicciones, pues se resistía a ver a los alemanes como un enemigo natural, al tiempo que seguía educando tenazmente a los chavales, incluso en las circunstancias más adversas. Profesor asimismo de niños que al crecer se convirtieron en oficiales nazis, éstos le confiesan su admiración, pero le advierten de que los niños serán trasladados, tarde o temprano, al campo de Treblinka. Y Wajda filma, en un espectacular Blanco y Negro fotografiado por el gran Robby Müller, esa desesperación, ese espectáculo del pisoteo de la humanidad, aunque con menor afectación que Spielberg, también hay que decirlo, y remacha, en definitiva, la figura de un hombre único, un héroe accidental, que es como deberían ser todos los héroes.
Soberbia.
Saludos.

lunes, 16 de abril de 2018

La belleza del fracaso



El pan del genio es la enfermedad. La liturgia expuesta como vida despedaza la afrenta de un sortilegio hecho celuloide. Lo que Paul Thomas Anderson logra en PHANTOM THREAD es conjurar la integridad de todo su cine anterior, despojándolo certeramente de cualquier asomo de artilugio o celebración, y bañándolo de esa pátina imposible de definir que es el clasicismo. No es una película clásica, pero uno puede disponer de multitud de registros, recursos o incluso hallazgos para deleitarse con la fantasía de asistir a un estreno en pleno 1950. El más difícil todavía de esta obra maestra es contener sus riendas, desmayarse en los brazos de unos intérpretes fabulosos (y fabulosamente dirigidos) e intentar comprender qué pasa exactamente por las cabezas de unos personajes que no tienen que decir lo que piensan para ser explícitos. Así, el director (también guionista y hasta encargado de la fotografía) sortea el mal endémico de la modernidad y se nutre de la oportunidad que le brinda la fascinante invención de Reynolds Woodcock, un modisto en la cumbre, pero cuya genialidad parece depender por entero de la férrea vigilancia de su hermana y la inmanencia de una serie de ritos inviolables. Su espartana filosofía de vida se tambalea al conocer a una joven camarera, que inmediatamente se convierte en su nueva inspiración y pasa a formar parte de su reducidísimo entorno íntimo.
Cabe todo, desde la complicidad al odio, el amor, la futilidad de un vestido para una reina o la trascendencia de un nombre cosido en el forro de la chaqueta. Paul Thomas Anderson obra un nuevo milagro, deja clara cual es su posición en el cosmos cinematográfico (incluso el actual) y yo cada vez estoy más contento de no ser Carlos Boyero...
Obra maestra absoluta.
Saludos.

domingo, 15 de abril de 2018

Rincón del freak #308: Tu corazón es una pompa de jabón



Los 80. Espacio mítico, en realidad espacio cutre. Los diletantes. Las drogas como caramelos, la música como religión, el baile como rictus. La esclavitud de la libertad. LIQUID SKY es una película sumamente extraña, que algunos considerarán una obra de arte, y otros una mamarrachada. Sólo las rarezas logran esa dualidad, y en este caso no es una denominación caprichosa, sino el único motivo de ser de un film que se ha mantenido durante más de tres décadas como una particularísima exposición de todos los males de la generación a la que ya no le quedó nada por lo que luchar y decidió aniquilarse a sí misma. El título alude a la heroína, que corre generosa por los recovecos de un club/tugurio en el que cada noche los in bailan espasmódicamente con el machaque de las cajas de ritmos. La droga es normal, lógica; el yonqui resplandece y es objeto de deseo. Son retazos de un fulgor efímero, como la amenaza del amanecer sobre un tejado frente al Empire State, que parece una aguja gigantesca penetrando la carne del cielo. El sexo es peor que compulsivo, una mezcla de asco y desprecio, pero que se colecciona como un trofeo; no se hace con hombres o mujeres, sino con quien está a la moda. O se está in o se está out. Y es verdad, podría haber un montón de buena poesía en todo esto, pero la película, con su montaje descuajaringado y sus monitorizados diálogos, más bien parece el resultado de meter una cámara en un lugar determinado y esperar a que haga sola su trabajo. No hay nada más diletante que eso, y más allá de la curiosidad que despierta, LIQUID SKY parece hecha por alguien que verdaderamente no pertenecía a ese mundo. Sí, como un alienígena vampirizador...
Saludos.

sábado, 14 de abril de 2018

Vida prócer: El cine de Hong Sang-soo #20



Parecía complicado, pero Hong Sang-soo se ha superado, filmando tres películas en 2017 y colocándolas todas en Cannes. GEU-HU (EL DÍA DESPUÉS) es una miniatura filmada en glorioso Blanco y Negro, con un trasfondo autobiográfico más que evidente (¿y cuál suya no lo es?) y con alguna vuelta de tuerca más a su propio e inamovible (aparentemente) universo fílmico. En otras manos sería una historia más sobre el adulterio, la culpa y las irresponsabilidades de la mediana edad, pero Hong libera su narrativa de convenciones y la complementa con honestidad, sin vencedores ni vencidos, sin héroes ni villanos. El protagonista es el dueño de una pequeña editorial que acaba de contratar a una joven ayudante y aspirante a escritora, y en su primer día de trabajo, la mujer del editor aparece allí mismo y la acusa de ser su amante. En realidad, la amante es otra, una antigua empleada que se marchó tiempo atrás, pero ninguna explicación parece convencer a la mujer. A partir de ahí, más que de equívocos, el film es un tratado sobre cómo, cuándo y por qué nos decimos la verdad, o por qué la escondemos según nos conviene, y estos personajes parecen provenir de lugares muy alejados entre sí, pidiéndose explicaciones unos a otros, y nunca mirándose a sí mismos. Es el miedo a vivir, o quizá el miedo a dejar que los demás vivan. El miedo de ver en otros lo que nunca seremos, fingiendo ser el modelo de alguien...
Saludos.

viernes, 13 de abril de 2018

Perversión



En 1971 (sí, hace 47 años), Don Siegel rescató la novela que, cinco años antes, escribió Cullinan, para construir uno de los tratados cinematográficos más precisos sobre la seducción, el engaño, las relaciones de poder y la perversión de los sentimientos. Un film áspero, incómodo, casi sucio, con una profundidad psicológica inaudita y una audacia formal de la que han bebido multitud de directores actuales. THE BEGUILED es capaz de abrir con un Clint Eastwood herido de muerte besando a una niña en los labios, para continuar con el necesario personaje de la esclava (la estupenda cantante Mae Mercer), incomprensiblemente desterrado en la versión de Coppola, que establece la moral sureña en su usta medida, y rematar nada menos que con un ménage à trois entre el propio Eastwood, la "inocente" Elizabeth Hartman y una ya madura Geraldine Page. Una película que trasciende los géneros y los subvierte, y que demuestra como ninguna que no hay un horror más insoportable que el horror cotidiano, hasta el punto de que el relato se torna terrorífico precisamente cuando llega la calma. Equívocos que llevan a los celos y de ahí al odio y al desprecio, sentimientos extremados por el aislamiento y personalidades que se debaten constantemente entre la cabeza y el corazón, mientras una guerra se desarrolla fuera. Una película que no sólo no ha envejecido, sino que cobra una vigencia tremenda y supone, entre otras cosas, la enésima lección de cine de Don Siegel, uno de esos directores a los que tanto cuesta llamar maestro...
Saludos.

jueves, 12 de abril de 2018

Inocencia y perversión



El equívoco de THE BEGUILED comienza en la errónea traducción de su título, ya que la seducción a la que alude es sólo un aspecto de su sutil trama, pero que sería más acertado ir por la literalidad de "los engañados", ya que la complejidad de la novela de Thomas Cullinan reside en cómo se escenifican los interiores de cada personaje, y de cómo la relación que se establece entre el soldado herido y las habitantes de la residencia para señoritas, a la que llega moribundo, abarca multitud de matices que van del erotismo al terror, pasando por la dominación y la sumisión. Parece complicado emborronar un relato con todos sus componentes tan bien construidos, y Sofia Coppola, que nunca ha sido santo de mi devoción, se empeña en elegir siempre el camino más acomodaticio y conservador, despreciando la oportunidad de revisar el clásico de Don Siegel (del que hablaremos mañana) y ponerlo al día. Antes al contrario, la osadía de aquella es el "blanqueamiento" de ésta versión que epatará a los desconocedores de lo que fue capaz de hacer Siegel, pero que aporta poco, o más bien incluso le resta empaque a fuerza de sobriedad. Es correcta, sí, y las actrices están estupendas, aunque a Colin Farrell le viene enorme la tarea de hacer olvidar a aquel inolvidable Clint Eastwood, lo que me deja una sola conclusión, que sería una magnífica película de no ser que ya estaba hecha...
Saludos.

miércoles, 11 de abril de 2018

El color de la forma #2



El siguiente encargo de envergadura que recibió Sergei Parajanov fue un mediometraje que exaltara las bondades de la artesanía ucraniana, famosa por su inagotable inventiva y perfección técnica. Escultores, alfareros, pintores, orfebres y otros artesanos son los protagonistas de ZOLOTYE RUKI (MANOS DE ORO), un excepcional documental que sorprende al artista en el mismo momento de crear su obra, y que va mucho más allá del simple panfleto nacionalista, donde Parajanov continúa puliendo sus obsesivos encuadres y dando forma, asimismo, a su particular concepción de la puesta en escena, en tanto que estructuración del tiempo y el espacio, mezclando y cotejando los rostros, las vasijas, los tornos y figurillas, las joyas y los lienzos. Una explosión de formas y colores, puro Parajanov.
Saludos.

martes, 10 de abril de 2018

Wajda. Brillo y dominio #32



LES POSSÉDÉS adaptaba una de las más famosas novelas de Fedor Dostoievski, en la que el genial escritor ruso desmenuzaba una de las épocas más convulsas del régimen zarista, centrándose en las maquinaciones de un reducido grupúsculo anarquista, que planea una serie de atentados, aunque sin llegar a realizarlos. El texto original, al igual que el guion escrito por el habitual triunvirato Holland-Carriére-Wajda (al que se sumó Edward Zebrowski) se movía en un complejo multiplano narrativo, introduciendo la ambigua figura de Stavrogin, compendio de todos los males especulativos del régimen y parásito del mismo, que urde un maquiavélico plan para lograr el control en la sombra de la ciudad en la que se desarrollan los acontecimientos. Tras infiltrarse como falso benefactor de la causa, carga con las sospechas de ser un espía en el inocente Sjatov, lo que le dejaría a él libre de ser culpable de cualquier acto. Así, el film es un puntilloso retrato de una época incierta, aún lejos de la gran revolución, pero que era caldo de cultivo para que toda clase de gente sin escrúpulos manejase a unos idealistas siempre tan necesitados de una luz que les guíe. El montaje, la fotografía de Witold Adamek, y muy especialmente la tenebrosa partitura de Zygmunt Konieczny, trazan el desquiciado rumbo de estos "poseídos", quizá sólo un puñado de huérfanos que se dieron cuenta demasiado tarde de que la madre patria los había abandonado a su suerte. Además, contaba con un excelente reparto, con Jerzy Radziwilowicz y Lambert Wilson a la cabeza, y las breves pero intensas apariciones del gran Omar Sharif y la por entonces ya consolidada Isabelle Huppert.
Saludos.

lunes, 9 de abril de 2018

Tiempo para morir



KILLING GROUND es una de esas pequeñas conmociones de las que todo el mundo habla durante un tiempo, películas de género que son capaces de apostar por el oficio de hacer cine cuando el presupuesto es casi inexistente. El debutante Damien Power demuestra tener buen pulso, sin temor a caer en el letargo, para contar esta trillada historia de lugares solitarios, campistas perdidos y lugareños siniestros; nada que no hayamos visto antes, pero que adquiere un aceptable formato por dos causas. Power narra en tiempo presente y pasado, sin separar las dos líneas temporales, y lo hace sin salir de la misma ubicación, por lo que a veces creemos ver una historia superpuesta a otra. Por otro lado, no falsea en ningún momento la información, y prácticamente desde el principio sabemos quienes son los malos, y casi hasta lo que va a pasar, pero ello no resta interés a un guion que se va desplegando con firmeza. Por el contrario, con las cartas sobre la mesa, el tramo final se vulgariza y tira por tierra todos los logros de su magnífico y alargado preámbulo. Es una película que asombra con reservas y no decepciona, habrá que ver de qué puede ser capaz su autor de aquí en adelante.
Saludos.

domingo, 8 de abril de 2018

Rincón del freak #307: Un listo muy tonto



YOKOMICHI YONOSUKE fue un film de 2013 que adaptaba una novela de gran éxito en Japón, en la que se relataban las andanzas de un tipo sumamente peculiar, una especie de trasunto de Forrest Gump nipón, bastante inocentón pero con un extraño encanto, que le hace salir airoso de una ingente cantidad de líos. Yonosuke llega a una universidad de Tokio desde Nagasaki, e inmediatamente se dará cuenta de que en la capital la gente se ocupa de sus asuntos, sin importarle mucho lo que le pase a los demás. Esta historia la hemos visto una barbaridad de veces, la del supuesto paleto que termina por adueñarse de la función en un entorno artificioso y que le es ajeno a su natural bondad. El problema de este film es que el director necesita casi tres horas para desarrollar una historia bastante bobalicona, y no sólo por el carácter ingenuo de su protagonista, sino porque no ocurre nada más allá de un puñado de gags que parecen sacados directamente de LOS ALBÓNDIGAS EN REMOJO, solo que aquella también era más divertida...
No sé, igual tienen tres horas para perder en esto, pero yo, una vez más, les aviso desinteresadamente...
Saludos.

sábado, 7 de abril de 2018

Ruido, furia, sandeces y arrebatos



Paul Schrader está acabado. Paul Schrader es un genio. Paul Schrader está de vuelta. Paul Schrader no sabe hacer películas fuera de un género, pero sus películas no tienen género. Las películas de Paul Schrader son como pensamientos zombificados durante muchos años, anquilosados en una mente enferma, que un día, sin previo aviso, pugnan por salir, sin importarle demasiado los daños colaterales. Algo de eso hay en DOG EAT DOG, una película que crees haber visto cientos de veces, para seguidamente darte cuenta de que no has visto nada igual en toda tu vida. Una película que termina como realmente debería haber comenzado, que indaga en una idea con profundidad y compromiso y en pocos segundos lo tira todo por la borda y sigue por otro camino completamente impredecible. Un film negro, traumatizado, indigesto, casi una obra maestra que quiere ser como las películas malas dirigidas por patanes que van directamente a video, y eso sólo puede pretenderlo un genio. Los genios no son como las personas normales, no piensan igual y por tanto no actúan igual, por lo que sus actos son a menudo confundidos con irresponsabilidades; y quizá sea así, quizá Paul Schrader se divierta gastando dinero en hacer películas que ni siquiera él comprende si deberían ser hechas. Pero la respuesta va implícita en la pregunta, porque el cine, la vida, no serían tan divertidos ni estimulantes sin genios como Paul Schrader... ¿Que de qué va la película?... Pues, bueno, yo diría que va de tres zumbados que creen poder dar un golpe y ganar mucha pasta. Uno es un sociópata que adora a las mujeres gordas, otro es un resentido crónico sin sentido del humor, y el otro cree ser la reencarnación rediviva de Humphrey Bogart. Respecto a esto, no se pierdan los últimos quince minutos del film, sobre todo si son fans del viejo Bogey...
Imaginen un cruce entre RESERVOIR DOGS, EL HALCÓN MALTÉS y CARRETERA PERDIDA... No digo más.
Saludos.

jueves, 5 de abril de 2018

Las escalinatas del poder



En estos momentos tan convulsos, en los que la política está más judicializada que nunca, el papel de la prensa se minusvalora desde la politización de la misma y los derechos de las minorías vuelven a estar en entredicho, un director de cine septuagenario, con fama de acomodaticio y poco dado a los golpes de efecto, pone el dedo en la llaga de una forma que quizá nadie esperaba. En esta incierta y tenebrosa era de la presidencia del incierto y tenebroso Donald Trump, Spielberg filma casi una precuela, cuarenta años después, de aquellos celebérrimos "hombres presidenciales", y lo hace rebobinando con una inteligencia y una claridad que deberían poner en un aprieto a un señor tan racista, violento y misógino, porque lo que pone de manifiesto THE POST es, ni más ni menos, la prevalencia de la verdad sobre la falacia, y cómo precisamente de los sitios más insospechados salen las decisiones más decisivas y valientes. Se narran las dificultades del Washington Post por eludir la quiebra, tras la llegada a la presidencia del periódico de Kay Graham tras la muerte de su marido en plena era Nixon. Casi como un latido que reverbera tras cada prodigioso enfrentamiento dialéctico, se ve asomar el motivo principal, la aparición de unos documentos clasificados del gobierno, que habían sido sustraídos y que comprometían gravemente la actuación del gobierno americano en la guerra de Vietnam. Así, Spielberg construye una película que comienza densa, complicada de seguir con agilidad, pero que va tonificando poco a poco sus resortes, una vez el espectador va encontrando los caminos, guiados por dos actuaciones portentosas, las de Tom Hanks y una maravillosa Meryl Streep, capaz de dominar cada gesto conscientemente. Todo ello se vuelca en uno de los mejores films de Spielberg, en la línea de LINCOLN, pero con un guion mucho mejor construido y un ritmo menos pesado. Una bofetada sin manos para un trasunto de presidente, que quizá no esté midiendo bien su constante menosprecio a ese cuarto poder y que parece estar claramente tras otra siniestra presencia, la de un Nixon enfurecido y de espaldas en la Casa Blanca. La escena final, más que un guiño, aún añade más elocuencia a una película elocuente como pocas.
Saludos.

miércoles, 4 de abril de 2018

El color de la forma #1



Iniciamos aquí un necesario repaso a la filmografía de un cineasta único, dotado de una visión poética que se ha mantenido vigente a lo largo de varias décadas, influyendo decisivamente en la concepción ética y estética de incontables cineastas, sin cuyo legado no habrían ampliado sus fronteras estilísticas. Se trata del director de origen armenio Sergei Parajanov (en adelante usaremos esta traducción de su nombre), un artista (conviene remarcar la palabra) que maridó con una sensibilidad única disciplinas como la pintura, la escultura o la literatura para crear una dimensión absolutamente alejada de los cánones principales de la ortodoxia. Parajanov debutó en la dirección con una deliciosa fantasía de apenas una hora, ANDRIESH, en la que compartía responsabilidades con el ucraniano Yakov Bazelyan, adaptando un libro del poeta Emilian Bukov. La película, casi declamada, contaba la historia del joven Andriesh, un pastorcillo que pierde su rebaño a manos del temible Huracán Negro, una especie de demonio espectral que se divierte fastidiando las vidas de la gente sencilla. Andriesh, ayudado por el poder de la flauta mágica que pertenecía al héroe Voinován, que ha perdido a su amada a manos del mismo demonio.
El film se ve con absoluto agrado y, pese a que la dirección de actores de Bazelyan deja bastante que desear, se intuyen algunas de las constantes del cine que Parajanov desarrollaría más ampliamente en títulos posteriores, como su gusto por las composiciones humanas, los rostros y una puesta en escena deslumbrante. Un film menor en su filmografía, es cierto, pero que avanzaba algo de la importancia de su coautor.
Saludos.

martes, 3 de abril de 2018

Wajda. Brillo y dominio #31



KRONIKA WYPADKOW MILOSNYCH (CRÓNICA DE LOS ACCIDENTES AMOROSOS) engrosa la (escueta) lista del Wajda que menos me interesa, el que desvía su intensa narrativa por vericuetos innecesariamente lábiles, con mayor atención al aspecto técnico, pero descuidando los puntos mayores de lo que cuenta. Concebido como un extenso telefilm para la televisión polaca, adapta de nuevo una obra de Tadeusz Konwicki, y el guion escrito por el propio autor no parece encajar del todo con la compleja forma de dirigir de Wajda, lo que se traduce en un ritmo algo cansino y deslavazado, como si no se decidiese a contar el meollo de este pseudo-folletín situado en los meses previos al estallido de la WWII. Por un lado, asistimos a interminables escarceos amorosos en un bucólico paraje, entre un joven universitario y una chica a la que éste eleva a la categoría de ninfa, mientras la realidad social se va tornando cada vez más oscura. Por el otro, el que debería ser más importante pero acaba descuidándose, el grave conflicto moral del joven, cuyo despertar sexual y afectivo le hace repudiar un inminente llamado a filas, lo que le enfrenta a todo su entorno. Una película que podría y debería haber sido más grande e importante, y que en manos de un principiante habría sido un notable debut, pero que no hace justicia a la colosal trayectoria del maestro polaco.
Saludos.

lunes, 2 de abril de 2018

La gran cerdada



OKJA es una película que aborda la siempre problemática sostenibilidad de la industria cárnica desde un punto de vista que mezcla la fantasía distópica y el engreimiento concienciado, lo que deja al film de Bong Joon-ho (como a la práctica totalidad de sus trabajos) como un entretenimiento pedante, que efectivamente sorprende y entretiene, pero que patina en sus (gruesas) lecciones de moralidad. Si uno elige jugar a lo grande, denunciar la vileza de un sistema y concienciar desde un tono poco menos que mesiánico, al menos debería prescindir, en dos horas que se hcen largas, de algunas persecuciones (porque hay demasiadas) y aportar alguna alternativa convincente. Es decir, que OKJA funciona solamente en el plano que el director coreano ha preprogramado ofrecernos, el de la historia de amistad entre una niña y la cerda gigante que ha criado durante diez años, pero apenas rasca la superficie del dilema moral en el que se empeña más de la mitad de un metraje sumamente desaprovechado, con un par de excelentes actores (Gyllenhaal y Swinton) al borde de la caricatura y una extraña sensación cada vez que empezaba otra persecución, como si planeara el espíritu de un enloquecido Emir Kusturica... My raro todo, la verdad.
No apta para todos los paladares, y no es un chiste fácil...
Saludos.

miércoles, 28 de marzo de 2018

Culpabilidad, responsabilidad e impunidad



Dostoyevski planea incesantemente sobre las imágenes de NELYUBOV (SIN AMOR), la última y magistral película del director ruso Andrei Zvyagintsev, en la que el espectador siente un terror y repugnancia infinitos, pero no por lo que ve, sino por lo que se omite. Los conceptos implantados por el autor de "Crimen y castigo" se van desplegando con paciencia desde el demoledor arranque, en el que una idea queda fija: nadie quiere a Alyosha, hijo único de una pareja que está a punto de divorciarse. No le quiere su madre, no le quiere su padre, y un día Alyosha desaparece misteriosamente, casi como si desaparecer, evaporarse, pudiese ser la única solución, dejar de ser un estorbo para unos padres que únicamente se enfocan en su felicidad personal. Zvyagintsev construye entonces la totalidad de la película sobre este principio absoluto de egoísmo, y no permite que exista ninguna duda sobre ello; culpabiliza directamente a los padres, pero los deja efectivamente impunes, apenas enfrascados en echarse la culpa el uno al otro. No es un film de secuestros, ni aparece ningún psicópata, ni tampoco policías heróicos capaces de resolver cualquier misterio. El único misterio aquí es entender cómo se puede tratar a un niño como a una mierda, culpándole incluso de su propia desaparición, porque lo que SIN AMOR refleja y rebervera es el fastidio de tener que emplear tu precioso tiempo, en lugar de hacerte la cera o salir de fiesta, en buscar a tu hijo desaparecido. La idea es repugnante, pero la reflexión se hace necesaria, pues toca algunos puntos clave acerca de una sociedad enferma de inmadurez...
Brutal.
Saludos.

martes, 27 de marzo de 2018

Wajda. Brillo y dominio #30



De nuevo filmando fuera de su país, Andrzej Wajda se fue a Alemania (la aún República Federal) para adaptar una novela de Rolf Hochhuth, un título bastante engañoso y bajo cuyo amable epígrafe latía una tremebunda crítica hacia la sociedad alemana que comenzaba a vivir el nazismo y sus terribles medidas, enmascaradas por el milagro económico que convirtió al país teutón en una de las mayores potencias mundiales. EINE LIEBE IN DEUTSCHLAND (UN AMOR EN ALEMANIA) arranca con la pasión arrebatadora de la mujer de un soldado que se encuentra en permanente campaña y un joven polaco, que apenas superaba el estatus de prisionero en semilibertad, o más bien esclavo sin derechos. El film narra los encuentros clandestinos de los amantes, que son finalmente sorprendidos, lo que acarreará un destino fatal para ambos, y entronca con otro plano narrativo, en el que el hijo de ella, ya un hombre maduro, viaja hasta su Baden natal para descubrir qué le ocurrió realmente a su madre, ya que su siempre le fue ocultado, tan sólo para constatar que, incluso muchos años de terminado el nazismo, Alemania es un país que sigue temeroso de levantar según qué alfombras. Protagonizaba una madura Hanna Schygulla, por aquel entonces la gran estrella del cine alemán, y encabezando un estupendo reparto, con el joven Piotr Lysak, Armin Mueller-Stahl y el habitual Daniel Olbrychski. Una película injustamente olvidada en la filmografía de Wajda y que merece la pena volver a revisarse, por el espinoso tema que trata, pero también por su calidad, que no es poca.
Saludos.

lunes, 26 de marzo de 2018

Manual de lucha y libertad #17



Se acaba este monográfico, quizá el que más placer y alegría me ha dado de todos los que he hecho; una mirada a la insobornabilidad y dignidad de un cineasta al que no habría que olvidar nunca, sino seguir reivindicando en esta España que nos están cocinando en libertad vigilada, que no es la verdadera libertad. De libertad habla LIBRE TE QUIERO, el testamento (no podía ser otro) de Martín Patino, que está en las antípodas del lamento o el derrotismo, y que prefiere zambullirse en el corazón del 15M, un evento mucho más importante y decisivo de lo que nos vendieron los medios "oficiales". Los medios prefieren verlo como una manifestación multitudinaria, la expresión del hartazgo de un país que vive a diario entre casos de corrupción, recortes a la sanidad y la educación, rescates bancarios, pleitesía a los poderes eclesiásticos y el mimo hacia unos cuerpos de seguridad a los que se instrumentaliza para represaliar a la ciudadanía en lugar de servirla. El director salmantino ofrece una experiencia deliciosamente inmersiva, sin tirar de ningún discurso adoctrinador, y deja que sea la cámara quien registre a las personas, ciudadanos como usted y como yo, hartos, cansados de mentiras, de engordar frente a la (esa sí) adoctrinadora televisión, mientras ese estado del bienestar del que tanto se habla se derrumba y se va convirtiendo, sin que nos demos cuenta, en el coto privado de una minoría que nunca se fue, sino que esperó su turno con la connivencia de una clase política ultraprofesionalizada. Aquel 15M no necesitaba gustarle a nadie, más bien al contrario, pero haríamos muy mal en despreciar la expresión del sentir popular, su unión, porque un pueblo unido puede con todo, incluso con las mentiras. Frente a los antidisturbios, bien pertrechados para defender al Corte Inglés, las letras de Agustín García Calvo, cantadas por Amancio Prada, son el contrapunto perfecto para ilustrar una realidad que define las dos Españas actuales, porque la división real existe, y somos los partidarios de la cultura contra los partidarios de las porras y las pelotas de goma...
Saludos.

domingo, 25 de marzo de 2018

Rincón del freak #306: Un relato oxidado y herrumbroso



Sin querer entrar en la más que dudosa deriva personal de Victor Salva, lo cierto es que apenas queda nada de aquel cineasta fresco y sin prejuicios que se sacó de la manga una más que aceptable película de terror repleta de atmósferas, tributos y sorpresas de guion. La tercera entrega de JEEPERS CREEPERS no aguanta la comparación, y más bien parece una parodia hecha del peor modo posible, con autoindulgencia y sin sentido del humor. La historia es más de lo mismo, pero mucho peor, y no hay nada de la sensación de excepcionalidad, que Salva sugería a través de la leyenda "Cada 23 años, sale para alimentarse durante 23 días", sino que el demonio protagonista da un poco de pena, por el poco pavor que despierta al lado de uno de los cuerpos de policía más patéticos y gerontológicos que podamos imaginar. Una pequeñez que va directamente a las plataformas de VOD y que, si acaso, podría aprovechar el escaso tirón que aún pueda quedarle a una franquicia que personalmente ya no me interesa lo más mínimo. Advertidos quedan...
Saludos.

sábado, 24 de marzo de 2018

No tan rosa



THE BLACK CAULDRON fue uno de los contados fracasos en taquilla de Disney, pero se veía venir. Estrenada en plena fiebre del género "Espada y Brujería", en la que la serie "Dragones & Mazmorras" suponía su máxima expresión para el público más joven, la factoría del ratón pensó que quizá ya era hora de oscurecer un poco sus habituales tramas, esencialmente enfocadas a un público familiar. Basada en la serie de libros de Lloyd Alexander, TARON Y EL CALDERO MÁGICO (como fue bautizada aquí) terminó siendo un deslavazado y algo indigesto entre cruce entre la fantasía tolkieniana y la iconografía de héroes y princesas típica de Disney. No es que el argumento sea de una inventiva impresionante, todos los motivos y personajes han sido usados en multitud de títulos similares con mejor fortuna, aunque un reciente (y necesario) visionado me ha mostrado algunos aspectos interesantes. Sobre todo el loable esfuerzo por desalmibarar la historia, con un villano bastante más terrorífico de lo habitual, el Rey Oscuro, y un par de detalles cuando menos curiosos e inesperados, como la lasciva actitud de una voluptuosa bruja con un pobre bardo, que acaba literalmente como una rana entre sus generosos pechos. Creo que el film se mantiene, más de tres décadas después, con el dubitativo etiquetado "de culto", y es más apreciado precisamente por quienes no solemos rendir pleitesía indistinta a la Disney. Yo, en realidad, lo veo como un entretenimiento simpático, que se ve sin mayores esfuerzos, y que tiene, eso sí, una deliciosa partitura a cargo del maestro Elmer Bernstein, además de la anecdótica presencia de un joven Tim Burton en su nómina de dibujantes, algunos años antes de ser conocido.
No está de más recuperarla.
Saludos.

viernes, 23 de marzo de 2018

La muralla



Amas "The Wall" mientras puedas seguir convencido de que Pink Floyd es "The Wall", al menos en la medida en que ambos fenómenos sean capaces de retroalimentarse recíprocamente. Luego te haces fan del grupo, indagas, y descubres que Pink Floyd eran unos pipiolos que tuvieron la enorme suerte de que se les cruzara un tal Syd Barrett, uno de esos tipos capaces de desviar unos centímetros el eje de la Tierra. Y te haces aún más fan, pero descubres una brecha insalvable, algo que en tu madurez golpea tu sesera y te hace preguntarte (y esto es extensivo a muchos grandes grupos de la época) por qué no continuaron bajo otro nombre. Pink Floyd es un grupo que pasó de un ego a otro aún mayor, y entre medias se entretuvieron en facturar unas cuantas obras maestras, con la única peculiaridad de que el antiguo testamento de Barrett iba desvaneciéndose y se gestaba el nuevo, que iba a pertenecerle por entero a Roger Waters y supondría el finiquito residual de la banda justo después de la grabación de dicho álbum doble. Porque lo que ya vino luego fue anécdota, como anécdota es el enésimo proyecto faraónico de Waters, la filmación de "su versión" (no sé si hay otra) de "The Wall" en directo. No me extenderé, tan sólo les diré que hace muchos años que Waters no se dedica a ser un creador, sino más bien un recreador, de su propia obra, es bien cierto, pero el visionado en alta definición de ROGER WATERS THE WALL (tal es el título) apenas aporta nada que no estuviese en el disco o no hiciese ya el grupo en directo, aunque concedo que esta obra apenas pudo ser interpretada por entonces, dado el deterioro de las relaciones entre Waters y el resto del grupo.
El concierto en sí no está mal, con músicos de gran altura y el habitual gusto por la minuciosidad del propio Waters, que se erige en el protagonista absoluto; el espectáculo multimedia es imaginativo, con la construcción de un enorme muro a tiempo real que va engullendo a la banda. El problema es simplemente de ubicación, ya que el concepto original nos hablaba del aislamiento del artista con un entorno cada vez más ajeno, mientras el Waters actual aprovecha para hablarnos de refugiados, guerras civiles o escándalos políticos, lo que deja el show en la parte del mitin irrenunciable.
Por quedarme con algo, yo hubiese prescindido del concierto y me hubiese enfocado en el Waters íntimo, que roza la melopea en un bar italiano, para luego echarse a llorar leyendo una carta de su padre... No sé, yo he tenido sobredosis de Pink Floyd durante más de treinta años, allá ustedes si deciden ver esto...
Saludos.

jueves, 22 de marzo de 2018

Un sol cegador



50 años antes, Roberto Rossellini puso en imágenes un encargo de la televisión pública francesa, tal y como su elocuente título indica, LA PRISE DE POUVOIR PAR LOUIS XIV narra, ni más ni menos, la deriva absolutista del posteriormente llamado Rey Sol, justo tras la muerte del poderoso Cardenal Mazarin, sucesor de Richelieu, que ostentaba la totalidad del poder eclesiástico y, por tanto, tenía influencia directa en la toma de decisiones de la Corte. Un joven Luis XIV le visita en su lecho de muerte y descubre en sus últimas palabras gran parte de las penurias que el pueblo francés venía padeciendo desde años atrás; el insostenible derroche por parte de la nobleza y el descuido de una industria que fortaleciera la economía, unidos a una red de sobornos e intrigas, hacen que el joven monarca adopte una serie de medidas impopulares entre los nobles, pero que otorga mayor poder de decisión a verdaderos hombrs de estado, que aconsejan y promueven una política de mayor austeridad y sentido común. Este es, en definitiva, el tema principal de este extraordinario film, cuyo arranque remite por completo al de Serra, aunque con diferentes personajes, y que se nutre de la maestría narrativa y compositiva de un Rossellini en el final de su carrera, atento a los detalles importantes y ensayando una desecación dramática que hace pensar inmediatamente en Robert Bresson, circunscribiendo el guion a una sucesión lógica, la que estalla con esa "toma de conciencia" y desemboca en la construcción del Palacio de Versalles, lugar emblemático en el que Rossellini culmina esta magnífica y muy olvidada película.
Saludos.

miércoles, 21 de marzo de 2018

El sol muerto



Un dato: Albert Serra ya filma en Francia, con todas las de la ley. El Ministerio de Cultura (el de aquí) se lame los muñones mientras aguanta el vendaval de los Goya, como si nada. Yo lo llamo Hara-Kiri...
Una pregunta: ¿Se puede filmar la agonía? ¿los últimos instantes que preceden a la muerte? Quizá, y para contentar a los pacatos, lo que Serra debería haber hecho es filmar la muerte de José Manuel Fernández, ignoto albañil jubilado de Fregenal de la Sierra, en lugar de cometer la osadía de fijar su cámara en Luis XIV, el Rey Sol. Afortunadamente, a Serra esto le da igual, y sigue siendo coherente con su propia idiosincrasia, que es la deconstrucción de algunos de los mitos más intocables de la historia de la humanidad; iconos a los que ya no se les pueden dar más vueltas sin marearlos, y que merecen na mirada más transgresora e independiente, precisamente por su inmortalidad adquirida. Serra lo ha hecho con Don Quijote, Los Reyes Magos, Drácula... Era hora de abordar un personaje real (en toda la extensión de la palabra), y en LA MORT DE LOUIS XIV, el director de Banyoles desecha su habitual gusto por el pictorialismo mural de grandes espacios naturales, capaces de empequeñecer a la más grande leyenda, y opta por centrarse en el lecho de muerte del rey, que simplemente espera su último aliento mientras un vaivén de médicos, criados y consejeros se arremolinan alrededor del enigma de una pierna gangrenada con la que no saben qué hacer, quizá por el miedo a mutilar a un ser superior, aunque ello lo esté sumiendo en una agonía que Serra filma frontalmente, como lo hubiese hecho Dreyer, con un Jean-Pierre Léaud imposible de categorizar, porque lleva 60 años reinventando el oficio de actor.
Esta es una obra maestra, abismalmente monótona, como debe ser, así que exige un esfuerzo que la mayoría de espectadores no están dispuestos a tener. Yo aviso, la experiencia merece la pena, no todos los día se tiene la oportunidad de observar cómo se apaga un sol...
Saludos.

martes, 20 de marzo de 2018

Wajda. Brillo y dominio #29



DANTON es, por derecho propio, una de las películas más apasionantes de toda la filmografía de Andrzej Wajda, y uno de los acercamientos más descarnados e imparciales a algunas de las figuras imprescindibles de la Revolución Francesa, que luce aquí muy lejos del ideal paradisíaco imaginado demasiado a menudo por artistas cegados por el fulgor de tamaño hecho histórico. El guion, firmado a cuatro manos, además del propio Wajda, por Jacek Gasiorowski, Agnieszka Holland y Jean-Claude Carrière, y basado en la obra Sprawa Dantona, de una de las mayores especialistas en la Revolución Francesa, la escritora polaca Stanislawa Przybyszewska, nos sitúa en el crucial segundo año de dicho acontecimiento, justo cuando las posturas de Robespierre y Danton se vuelven no ya irreconciliables, sino directamente antagónicas. Robespierre, que pretendía llevar el dogma de la Revolución hasta sus últimas consecuencias, chocaba frontalmente con el progresista y desprejuiciado Danton, un político "muy poco político", que gustaba de mezclarse con el pueblo y defendía que la Revolución había sido hecha para liberar al hombre, no para seguir esclavizándolo. En mitad de la hambruna que se extiende por unas polémicas medidas económicas, Robespierre aprovecha para intimidar a la sociedad, recrudeciendo las ejecuciones públicas y maquinando un "gobierno paralelo en la sombra", aunque con la firme oposición de Danton y sus cada vez menos fieles seguidores.
El film es un intenso duelo interpretativo entre dos colosos: Gérard Depardieu, que parece nacido para interpretar a Danton, y un fabuloso y contenido Wojciech Pszoniak; y los tremebundos enfrentamientos entre ambos actores/políticos van alcanzando algunos momentos simplemente impresionantes, donde se hace patente la gran diferencia entre ambos. Un Robespierre enfermizo por fuera, pero con voluntad (y mano) de hierro, y un Danton corajudo y frontal, casi diríase que animal, pero con la debilidad del hombre que no es consciente de hasta qué punto queda expuesto ante su enemigo.
No hace falta ser un apasionado de la películas históricas para detectar el antológico trabajo colectivo que Wajda llevó a cabo gracias a los apoyos de la TF1 y el Ministerio de Cultura francés... más o menos como aquí, vaya...
Saludos.

lunes, 19 de marzo de 2018

Manual de lucha y libertad #16



OCTAVIA, de 2002, se intuye como culminación, o ajuste de cuentas final del cineasta con su tierra, Salamanca, una patria chica que Martín Patino describe como un pequeño e inaccesible universo plegado sobre sí mismo, satisfecha con su imperceptible paso del tiempo y apegada a unas tradiciones que no se cuestionan jamás. Y de eso va esta irregular cinta, de cuestiones irresolubles y decisiones irreversibles; del desapego que siente la Octavia del título, mestiza, bastarda y falsamente acogida por caridad hacia su madre, de la que se intuye algún pasado escabroso con algún que otro patriarca de marmórea venerabilidad. A la mansión familiar llega Rodrigo, que tuvo que irse por no disidir incluso de los suyos, y que ahora está demasiado mayor para comprender la rabia y frustración de la joven Octavia, pero que internamente envidia su coraje para rebelarse contra una ciudad y un entorno que la relojean con repugnante condescendencia. Pero irregular película, sí, con un reparto irreconciliable, que no se aprovecha de su heterogeneidad, mientras al etéreo guion le cuesta una enormidad concretarse en algo mucho más tangible y reconocible que el habitual punzante discurso contranostálgico de su autor. Merecería de una revisión más reposada y desprejuiciada para encontrarle sus aciertos, que son muchos, pero, sin ser un mal film, se queda a mitad de camino de casi todo.
Saludos.
... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...

¡Cuidao con mis primos!