sábado, 21 de octubre de 2017

Gangbang



Cristi Puiu es, en mi opinión, el gran maestro del cine rumano, un director superdotado e inclasificable, embarcado en una búsqueda imparable del relato total, quizá más emparentado con la literatura y, por tanto, con directores (no tanto en lo formal) como Béla Tarr o Lav Diaz. Su cine no es complicado, es tan sencillo que casi prescinde de motivo argumental y simplemente deja que sus personajes interactúen entre ellos como lo harían ante nuestros ojos y no ante una cámara. Ese es el gran dilema que hace su cine tan fascinante como exigente para el espectador, obligado a mirar y pensar en múltiples direcciones y hecerse cómplice de una intencionalidad que surge con naturalidad. Puiu no repite fórmula, y en SIERANEVADA (el título, significativo, no es más que una ínfima nota a pie de página) monta una magistral y asfixiante coreografía en el espacio único de un piso, donde una familia va a celebrar, según su tradición, los cuarenta días del fallecimiento del padre. Es cierto que Puiu nos introduce mediante el personaje principal, Lary, el hijo, y despide la función haciéndolo entrar en catarsis, pero el reto consiste en el incesante trasiego de puertas abiertas y cerradas, los personajes entrando y saliendo de escena sin que parezcan responder a las encorsetadas leyes de la puesta en escena.  Y entre líneas, desplegándose como un monstruo perezoso, cada conversación y opinión urde las diferencias ideológicas de un país y las confronta con el terrible estado del mundo, con los ataques terroristas del 11S y Charlie Hebdo de fondo. SIERANEVADA no "habla de", tan sólo habla, nos interpela a nosotros mismos y nos pregunta qué haríamos nosotros de estar ahí, en esas interminables orgías familiares, donde aflora todo el resentimiento acumulado y todo se echa en cara tan sólo para ahogarlo más tarde con un brindis o un nuevo postre. Lo que Cristi Puiu pretende contar no se hace con el formato habitual, con actores replicándose; las fieras no se replican entre ellas y ni el mejor crítico se encerraría en una jaula con una fiera. A dentelladas, una de las grandes obras maestras de este siglo...
Saludos.

viernes, 20 de octubre de 2017

Películas para desengancharse #32



... Sí, maldita sea... THE TERMINATOR, o cómo la memoria sentimental nos puede jugar una mala pasada, haciéndonos creer que "aquello" era una tremebunda superproducción con todos los oropeles y engastes que uno podría presuponer a una historia que nos cuenta cómo un robot de apariencia humana viaja al pasado para matar a la (futura) madre del líder de la resistencia contra las máquinas... Así que máquinas que se rebelan, rayos láser, esqueletos metálicos y viajes en el tiempo, y todo con la apabullante presencia de un Arnold Schwarzenegger en el punto más alto de su carrera. Pero no, porque THE TERMINATOR es un estupendo ejemplo de serie B bien entendido, con unos efectos especiales ingeniosamente artesanales y dosificados en base al presupuesto, y que obtiene gran parte de su encanto por suponer una fábrica de clichés, la mayoría involuntarios, pero que hicieron que miríadas de pálidos imitadores se lanzaran a copiar el formato sin fortuna alguna. Luego es verdad que vino lo que vino, con mayores posibles y el respaldo de un taquillazo para construir una franquicia que acumulaba lustre y perdía originalidad. A partir de aquí, James Cameron dejó de parecer un émulo de Roger Corman y erigirse en enésimo reinventor del cine de ciencia ficción; lo malo es que se lo creyó demasiado, y que luego se le vieron las carencias como director de otras cosas... Ustedes saben...
Saludos.

jueves, 19 de octubre de 2017

Los meandros de la verdad



BACALAUREAT es otro de los acontecimientos que nos dejó el cine rumano el pasado curso, una película áspera, seca, casi desagradecida, pero que tiene el gran don de no permitirse juzgar a sus personajes en ningún momento, otorgándoles su justo grado de humanidad y extrayendo, precisamente de esa condición, su gran relato, porque este es un gran relato. Su falso protagonista (es protagonista porque la cámara le sigue a todas partes, pero es falso porque casi nada de lo que ocurre le atañe a él directamente, si acaso a sus decisiones), Romeo, es un médico de mediana edad, cuya obsesión es el éxito académico de su hija, que se enfrenta a los temidos exámenes de acceso a la universidad. Su vida entera es un fracaso vacío de contenido y se basa en una burda añoranza de la Rumanía a la que él volvió para cambiarla y donde se ha quedado atrapado. Su mujer, con graves trastornos nerviosos, sólo espera a la graduación para echarle definitivamente de casa, y su amante parece no esperar de él nada más que la fría crematística. Mientras tanto, su hija es atacada por un violador, lo que la deja incapacitada emocionalmente para afrontar los difíciles exámenes. Sin tiempo para mostrar afecto o rasgarse las vestiduras, Romeo comienza a mover hilos para que su hija apruebe los exámenes a toda costa, pero en una sociedad que ha aceptado la corrupción incluso como modo de vida lo realmente complicado es, para alguien con cierta reputación, salir sin una sola mancha, o sin pagar las consecuencias.
No hay que esperar de Mungiu, autor riguroso y milimétrico, un melodrama sentimental o arrobado, antes al contrario, lo que ofrece BACALAUREAT es una sutilísima autocrítica a nivel nacional, nunca señalando a otros, sino repartiendo las culpas entre los culpables y advirtiendo de que la roña de la corrupción se extiende sin querer incluso en los ámbitos más insospechados.
Saludos.

miércoles, 18 de octubre de 2017

Películas para desengancharse #31



En mi manera y forma de entender lo que el cine es, me parece incuestionable incluir siempre algo de Pedro Almodóvar como ejemplo de qué no debe hacerse cuando uno carece de ideas propias, que es, por ejemplo, hacer pasar por propias ideas que son ajenas. Con todo, reconozco que MUJERES AL BORDE DE UN ATAQUE DE NERVIOS es probablemente su última gran aportación al cine de autor, aunque sea apropiándose de lo que otros habían expuesto tres o cuatro décadas antes, porque a partir de ahí Almodóvar ha rizado el rizo copiándose a sí mismo, que ya hay que tener ego... Ésta es, básicamente, una película de Cukor, con algo del caos de Hawks y la elegancia engañosa de Lubitsch; la diferencia es que toda la puesta en escena, la idiosincrasia de los personajes (oscilando de lo sofisticado a lo choni) y la ciudad, Madrid, como tejido unificador de pasiones exageradas, arquetipos subrayados y una libertad casi siempre asfixiada por la cotidianidad, además de certificar la definitiva defunción de aquello de la movida, adelantaba un país que ya caminaba por el exceso yuppie como quien hace un botellón en una urbanización de lujo. Almodóvar echa aquí el resto y monta enredo sobre enredo, engasta a los personajes y los diálogos con naturalidad plastificada y ofrece una comedia que se refleja en la melancolía y el desengaño de Carmen Maura, musa y exabrupto, y modelo para un modelo de mujer que vino después pero que ya asomaba. Me veo, algunos años después, extrañamente confortable viendo esta película de un director cada vez más insoportable, pero me sirve para hacer dos reflexiones: la primera es que si el manchego hubiese acabado su carrera aquí (o si al menos no la hubiese inflado tanto) ahora sería una leyenda. La otra les conmina a que se desenganchen, no como la inepta tribu de imitadores que vino luego. Almodóvar aquí copió, pero al menos lo hizo con ingenio...
Saludos.

martes, 17 de octubre de 2017

Wajda. Brillo y dominio #7



LOTNA, de 1959, supone una más que curiosa fuente de inspiración para un film tan poco inspirado como lo era el WAR HORSE de Spielberg. Y sin ser de los títulos mayores de Wajda, no deja de ser un nuevo alegato antibélico que incorpora elementos aparentemente antagónicos que el director, sin embargo, sabe acoplar en la idea principal. Ésta gira en torno al descubrimiento, por parte de los ulanos (la caballería polaca), de un pura sangre árabe que corre libre por los alrededores de un caserón arruinado por las bombas alemanas. Wajda aúna la acción bélica y el conflicto de un cuerpo regido por leyes de honor que se ve diezmado por los tanques alemanes, que no le dejan resquicio a la esperanza, pero que aún ve alguna luz en un joven soldado que decide contraer matrimonio en mitad del caos y en la imponente figura del caballo, que queda a disposición del ejército tras la muerte de su anciano dueño. Un film curioso, sólido y sin florituras, como de transición, o quizá de búsqueda por parte de un director que nunca se durmió en los laureles del éxito, sino que siguió trabajando en pos de construir una carrera.
Saludos.

lunes, 16 de octubre de 2017

Siempre seremos niños



Esta semana, entre desenganches varios, la semana completa su trufado con tres de las mejores muestras del cine rumano reciente. Una cinematografía, la rumana, que demuestra seguir con muy buena salud, denunciando su penuria social al mismo tiempo que nos obliga a mirarnos con vocación crítica al resto de europeos. En este sentido, no cuesta afirmar que el discurso de Corneliu Porumboiu, sagaz, lúcido, necesario, pero también enigmático en su (aparente) sencillez y (demostrada) honestidad, lleva toda la última década desmontando mitos y construyéndose como voz autorizada de los que rara vez tienen voz. COMOARA es como un relato de aventuras debe ser, con la única particularidad de que, al desarrollarse en la actualidad y en lo que esporádicamente damos en llamar "vida real", no puede separar a sus personajes de su propia circunstancia social y moral, poniendo en duda todo lo que el cine de género omite por el propio desarrollo de la trama.
El argumento es tan simple como fascinante. Mientras le lee Robin Hood a su hijo, un hombre es requerido por su desesperado vecino para que le haga un préstamo, ya que está a punto de perder su vivienda; al ser imposible, éste le propone un descabellado negocio, contratar a un detector de metales y emprender la búsqueda del improbable tesoro que, afirma, se encuentra en una parcela abandonada de su propiedad. Así, Porumboiu mixtura con habilidad el misterio proveniente de la incerteza de la empresa, mientras el tiempo pasa infructuoso y saltan las dudas, los enfrentamientos y una crítica social en forma de exabruptos e infalibles topicazos. Al final, justo cuando la impresión es la de volvr al rigor analítico/semántico de POLICÍA, ADJETIVO, el director lo vuelca todo en una fantasía rocambolesca y extrañamente confortable. Efectivamente, como deben terminar las historias de aventuras...
Inesperadamente magnífica.
Saludos.

domingo, 15 de octubre de 2017

Rincón del freak #285: ... Y a la paella, chorizo. Películas para desengancharse #30



Que ni al pelo. Así me venía para apuntalar este impreciso monográfico la "cosa de la cosa", o la redundancia del desastre, el apretuje de la gallina o la desvergüenza del todo vale. Todo eso, y mucho menos, es OCHO APELLIDOS CATALANES... Y no sé si es fácil o difícil ponerme con estas cosas, que de repente sale la mala baba y desaparece el análisis, pero es que hay que tener mucho aguante para ponerse a analizar esto. Ahora recuerdo que en aquella primera parte del monográfico estuvo, enclavada en el mismo sitio que la de hoy, la otra, la de los apellidos vascos; ésta, como no podía ser de otra forma, es aún peor. Lo que pasa es que yo entonces aventuré ingenuamente que veía improbable la continuación catalana, y mira por dónde, metidos hasta las cejas en la cosa esa del procés català resulta que, aunque no le echara yo mucha cuenta, efectivamente, contrataron a Rosa María Sardá y a Berto Romero, le copiaron la excusa argumental, de manera chusca, a Wolfgang Becker y, con el libro de los peores chistes racista-homófobo-machista-autonómicos en la mano, perpetran esta atrocidad a la que no puedo calificar más que como insulto. En apenas hora y media, Borja Cobeaga (al que yo suponía algo más de magín) y Diego San José son capaces de llamar a los catalanes unos sinsangre, a los vascos unos eructadores, a los gallegos unos falsos ingenuos y a los andaluces unos fachas de acodamiento perpetuo. Magnífica disección de un país, justo lo que necesitamos para tomarnos unos chacolís, un cava, un ribeiro o una manzanilla, mirarnos las pililas y entonar el verdadero himno de España, que debería ser el "Don´t worry, be happy"... No sé, pero hay una sutil diferencia entre reírse de no mismo y la sensación de que se estén riendo a costa de uno.
He dicho.
Saludos.

sábado, 14 de octubre de 2017

Orgullo sin prejuicios



El mini-monográfico que dediqué a King Kong data ya de 2009, lo que ha abierto una brecha temporal considerable en cuanto a lo que el rey mono prometía tras la catarsis de Peter Jackson, que parecía agotar todas las posibilidades de un personaje que yo siempre he visto muy desaprovechado. Pero hete aquí que, sin invitación aparente, se nos cuela una película en muchos sentidos sorprendente, y no quiero que se me malinterprete, porque no cabe duda de que KONG: SKULL ISLAND es un genuino blockbuster, diseñado en fondo y forma para un consumo desacomplejado... Pero maldita sea, es que es una peli muy buena. De entrada, el desconocido Jordan Vogt-Roberts (cuyo bagaje es casi por completo televisivo) cuenta con un reparto al principio chocante, pero que da la razón a los que pensamos, en términos futbolísticos, que siempre es mejor que jueguen los mejores. Los Samuel L. Jackson, Tom Hiddleston, Brie Larson, John Goodman o un enorme John C. Reilly, consiguen lo que no solemos ver en este tipo de producciones, que las distancias cortas no chirríen cuando no hay fuegos de artificio. Y luego está la personalidad del film, que aprovecha formalmente la excusa de desarrollarse en los años setenta, justo al término de la guerra de Vietnam, y explosiona en un gozoso corolario de homenajes que van desde APOCALYPSE NOW hasta CONAN EL BÁRBARO, y con salpicones muy acertados que recuerdan a INDIANA JONES, RESERVOIR DOGS y, atención... ¡HOLOCAUSTO CANÍBAL!... Y es que este King Kong es brutal e inesperado, y una vez que surge es imparable; hay, como no, algunos momentos poco inspirados de pirotecnia, pero casi todo lo que va ocurriendo te da la sensación de que puede ir en cualquier dirección, y es este poso de anarquía dialéctica la que le da a este film la siempre controvertida consideración de clásico instantáneo.
Sin más, véanla y me dicen.
Saludos.

viernes, 13 de octubre de 2017

Películas para desengancharse #29



Sé que no estoy siendo muy consecuente con la segunda parte de este monográfico, no al menos en cuanto a lo que de calidad tienen estos títulos, que he escogido por motivos que están cerca de lo meramente subjetivo. Causas personales, que son las más difíciles siempre de transmitir y, por tanto, de recepcionar, pero que a mí siempre me han parecido las más interesantes y sugerentes. Recuerdo que hace tres años apareció por aquí CADENA PERPETUA, a la que apenas le podía reprochar que fuese artífice de una estela interminable de títulos similares, cuando no burdas y pálidas copias que jugaban a exprimir las posibilidades del drama carcelario, subgénero que, aunque no lo crean, tampoco ha dado demasiadas referencias memorables. Una que sí lo es, estuvo dirigida por el rocoso Stuart Rosenberg y casi monopolizada por Robert Redford, que pasaba por uno de sus mejores momentos interpretativos en 1980, año en el que se estrenó BRUBAKER. El guion, vagamente inspirado en un suceso real, narraba la alucinante odisea de Henry Brubaker, que ingresó en una prisión como recluso tan sólo para comprobar de primera mano la corrupción y continua transgresión de los derechos humanos a la que se veían sometidos los presos. Ante el asombro e incredulidad de todo el mundo, Brubaker se revela como el nuevo director, y empieza a tomar decisiones radicales para reformar un sistema interno profundamente injusto. BRUBAKER es, ya digo, lo que se suele denominar como un film sólido, sin apenas resquicios estructurales, que sabe muy bien lo que quiere contar y cómo, y que tiene un inconfundible aroma a vieja escuela. Una película que sorprende a quien aún no la ha visto y reconforta a quien la recupera, pero a la que uno podría reprocharle indirectamente el mismo pseudodefecto que a la cinta de Frank Darabont. Sí, a partir de ahí nos tuvimos que tragar muchos bodrios entre rejas y dirigidos por ineptos con sobredosis...
Ahora bien, sigan mi consejo y véanla.
Saludos.

jueves, 12 de octubre de 2017

A este lado de la carretera



Hoy, el día en el que es despilfarrada una cantidad seria de euros públicos en un acto de orgullo no muy lejano a otro que incluye carrozas y motivos bélicos, vamos a hablar de una película que va de un cerdo y su cuidador. MR. PIG es la tercera incursión en la dirección de ficción del también actor Diego Luna, y supone un interesante cambio respecto a sus otros más previsibles trabajos anteriores, una conmovedora road movie que se encuentra a mitad de camino de una reflexión necesaria sobre la verdadera identidad del ser humano y la tozuda dignidad de un protagonista que, en más de una ocasión, nos puede hacer pensar en un Alvin Straight aún más terminal. Luna se toma su tiempo para contarnos las verdaderas motivaciones de Ambrose (un descomunal Danny Glover), un veterano cuidador de cerdos, huraño y alcohólico, que emprende un último viaje con su preciado Howie, un pura raza por el que va a percibir una importante suma y así poder retirarse, aunque en ningún momento podríamos adivinar si su intención es quedarse en México, junto a su hija en California o, más probablemente, ensayar una autodestrucción consciente y solitaria. Sé que a mucha gente le puede parecer empalagosa, e incluso algo repetitiva, pero son de alabar los numerosos puntos de fuga con los que Luna intenta que comprendamos la hermética personalidad de Ambrose, y cómo se convirtió en un humano demasiado humano para el resto de humanos respetando y amando a un ser tan espetable como un cerdo.
Muy recomendable.
Saludos.

miércoles, 11 de octubre de 2017

Películas para desengancharse #28



Hay cosas de las que cuesta un mundo desprenderse, o desengancharse. En mi caso, QUO VADIS representa esto a la perfección. Lo primero fue la descomunal, farragosa, granítica novela de Henryk Sienkiewicz, que sólo fui capaz de completar a lo largo de un lustro y pico. Ustedes pueden imaginar el solaz experimentado tras tamaña proeza, pero quizá no comprendan que haya tardado un mes escaso en ponerme con la película. No es lo mismo, es cierto, y pese a sus tres horas de duración, el QUO VADIS que el gran Mervyn LeRoy filmó para la Metro en 1951 logra sintetizar el hueso de la obra original y deja para otra ocasión que alguien bucee más profundamente en sus analogías y metarreferencias. QUO VADIS, la película, es una de romanos en el sentido más amplio de la frase, con un héroe, Robert Taylor, que es presentado como un ufano general y termina encontrando el amor, la fe cristiana y lo que haga falta en los brazos de una Deborah Kerr más delicada y enternecedora que nunca. También es la crónica de un imperio, el romano, que atravesaba un momento de incertidumbre, ya que todo el mundo le plantaba cara con la intención de usurpar su lugar preponderante. Es el relato de aquellos años (o eso nos han contado), tras todo lo que ocurrió con Jesucristo, de la expansión de cristianismo y de los avisos de que algo que se creía indestructible llegaba a su fin. Es un relato de intrigas internas, de enormes espectáculos de danza, de gladiadores de aspecto imponente, de bacanales, leones, cristianos, toros, más cristianos, una ciudad en llamas y el inefable imbécil al que nadie es capaz de decirle que está desnudo. Sí, QUO VADIS es, por encima de todo, Peter Ustinov...
Saludos.

martes, 10 de octubre de 2017

Wajda. brillo y dominio #6



Estoy viendo a Puigdemont, pero no veo nada. Estoy escuchando sus palabras, pero no escucho nada. Se suceden las imágenes y las palabras, pero no son más que una consecución de un fracaso descomunal, de la incapacidad para explicar qué significado real se esconde tras la máscara de las patrias.
En 1958, Andrzej Wajda hizo su gran obra maestra, una película capaz de aglutinar un momento histórico, aparentemente ínfimo, pero mediante el que se testamentaba el tremendo conflicto identitario en el que se sumió Polonia tras el final de la Segunda Guerra Mundial y asistir a una segunda ocupación, la de la Unión Soviética. Y en ese magma conceptual nace POPIÓL I DIAMENT (CENIZAS Y DIAMANTES), relato urgente, en apenas unas pocas horas, de un acto subversivo, el asesinato de un dirigente comunista, que sin embargo no es tal, al confundir a la víctima los asesinos, pertenecientes al incipiente ultranacionalismo. Lo que Wajda propone a partir de ahí es una reflexión morfológica y etílicamente polarizada de un país en proceso de deconstrucción por incapacidad identitaria. A veces surreal, otras con aspecto de ensoñación o incluso de pesadilla inemporal, CENIZAS Y DIAMANTES es la piedra angular de una cinematografía libérrima y altamente creativa, la de un cineasta que jamás se impuso barreras, sino que supo usar cada aspecto histórico como herramienta de afilado discurso. Hay varios momentos en esta amarga crónica de la derrota que merecen incluirse en cualquier antología cinéfila; un protagonista, paradigma del antihéroe, que apenas sabe dónde quiere estar, excepto donde no va a poder estar; y hay también una atmósfera opresivamente licuescente, derramada por mesas atestadas y que se abre paso entre el gentío vociferante. No se entiende nada, o se entiende todo, incluso cuando la orquesta, en plena borrachera, entona una polonesa que termina en catástrofe, con cada músico yendo por su lado.
Y los políticos hablan y hablan, pero yo sigo sin entender nada tampoco...
Saludos.

lunes, 9 de octubre de 2017

Narrar a toda hostia



Signo de los tiempos, parece que nos vayamos a morir mañana de la prisa que tenemos para hacer cualquier cosa, y pocas veces nos damos cuenta de que esa premura apenas nos deja un angosto resquicio de perfilamiento. Lo que a Stephen King le ha llevado tres décadas crear, pulir, mimar, convertir en todo un homenaje a lo que una saga significa, es despachado en hora y media de persecuciones, disparos, CGI's, trascendencia coelhiana y algún atisbo de burdo goticismo. Así las cosas... ¿es THE DARK TOWER una mala película? Porque yo creo que no, es un entretenimiento bastante más digno que la mayoría y listo para ser consumido y olvidado. La putada, por supuesto, es que tome prestado el traje de gala de la saga de King, que abarca nada menos que ocho volúmenes y poco menos de 5.000 páginas. Por lo demás es una modesta peliculita de persecuciones, disparos, CGI y frases coelhianas; con dos magníficos actores haciendo lo que pueden por resultar creíbles y un par de ramalazos de sano sentido del humor. Es decir: es intrascendente, es blanca y no tiene nada que ver con su supuesto literario, al que, efectivamente, les remito sin más dilación.
Si la ven, ya saben qué se van a encontrar...
Saludos.

domingo, 8 de octubre de 2017

Rincón del freak #284: Encantados con la casa



Hoy hacemos una excepción en el siempre farragoso apartado dominical, para traer una película que causa extrañeza aunque no por ser efectivamente pésima, sino por lo raro que resulta que, una vez inscrita en el género de terror, en realidad se trata de otra cosa... O no, porque su vertiginoso y ultracondensado tramo final sí adopta todos los mimbres de un film de terror. Aunque a lo mejor debería haber empezado diciendo que su director y guionista peca de exceso de freno para luego despeñarse... No sé, pero lo cierto es que THE DEAD ROOM parece un desechable más de esos sobre casas encantadas, pero tiene un nosequé que hace que no apartes la vista, porque, ya digo, durante la primera hora asistimos a las diferencias y discusiones entre los integrantes de un grupo parapsicológico, integrado por un técnico de sonido, otro de imagen y una chica con poderes sensitivos; llegados a una casa que una familia abandonó repentinamente y sin recoger nada, su obsesión será admitir si de verdad hay algún fenómeno paranormal o existe alguna explicación científica para las grabaciones en las que se ven objetos moviéndose. Evidentemente no quiero destripar el final innecesariamente, pero ahí está el problema y el lastre; la sorpresa final llega muy al final y el encadenamiento guionístico parece traído por los pelos, lo que a mí me dio que pensar si no hubiese sido éste un material infinitamente mejor para un cortometraje. De todas formas, y teniendo en cuenta que no es Nueva Zelanda un país del que nos llegue tanto cine, puede considerarse una película, en su modestia, más que aceptable.
Saludos.

viernes, 6 de octubre de 2017

Películas para desengancharse #27



ALL THE PRESIDENT'S MEN es una película imprescindible para entender qué significa el género "intriga política". Afortunadamente, la mayoría de films posteriores a ella no se han atrevido a ir por su mismo camino, porque hubiesen sido pestiños infumables por doquier. Son varios los elementos que hay que recalcar para comprender el auténtico valor de esta cinta, elevada ya a los altares como clásico indiscutible. Primero, que no hablamos de cualquiera cosa, sino de, quizá, el mayor escándalo político de la historia de Estados Unidos y, por tanto, de toda la historia reciente. El caso "Watergate" no fue sólo un asunto de financiación ilegal (¿de qué me suena esto a mí?), sino una trama de corrupción de proporciones gigantescas y que atentaba contra los principios básicos de la democracia misma. Después, Alan J. Pakula, director solvente pero poco dado a los arrebatos artísticos,  siguió a pies juntillas la hoja de ruta marcada por el impresionante documento que es el libro escrito por Carl Bernstein y Bob Woodward, dos jóvenes periodistas que actuaron imprudentemente, que es la única forma de enfrentarse al poder establecido y poder extraer la verdad cuando absolutamente nadie está dispuesto a hablar. Pero lo más importante es la estructura del film, donde Pakula elige otorgar todo el protagonismo visual a dos estupendos Robert Redford y Dustin Hoffman, relegando al fuera de campo a la gran mayoría de interlocutores, poniendo de manifiesto la tremenda dificultad de sus investigaciones, casi siempre pendientes de un hilo y al borde de la corazonada. Esta forma de filmar, de encuadrar los rostros, casi opresivamente, es la seña de identidad fundamental de una película que pide al espectador toda su atención en una maratón de nombres, fechas, lugares y motivos, corriendo siempre el riesgo de caer en una astenia narrativa imposible de digerir para cinéfilos poco acostumbrados a usar su propia capacidad de retentiva. Por ello, yo agradezco que directores más lerdos que Alan J. Pakula no hayan caído en la tentación de copiar un modelo que es único, porque entonces el desenganche habría sido dscomunal...
Por cierto, cómo echamos de menos por aquí unos "Woodstein" de la vida...
Saludos.

jueves, 5 de octubre de 2017

Coitus interruptus



Cabalgando esta fiebre alegórica que nos invade, hace poco me topé con un título muy curioso y que luego (cómo no) me ha dado que pensar, por su trasfondo más que por su argumento. AFTER PORN ENDS 2 (lo que me dice que debe haber una primera parte en alguna parte) es una sucesión de entrevistas a antiguas estrellas del cine para adultos que se retiraron, algunos más a tiempo que otros, algunos con más fortuna que otros, e incluso alguno que ha vuelto a recaer por su simple y llana incapacidad para ganarse la vida de otra forma. De los relatos, debo decir que la mayoría son bastante intrascendentes y tópicos, por no decir sospechosamente buenrrollistas, y apenas me quedo con el vitalista y jocoso octogenario Johnnie Keyes, ahora reconvertido en cantante de jazz y cuyo periplo daría para una novela tan divertida como terrible, y, por otra parte, la bellísima Janine Lindemulder, que narra al borde del derrumbe la odisea que aún sufre tras perder la custodia de su hija. El trasfondo, como decía, es el de fin de fiesta, un poco triste pero con media sonrisa, y esa extraña sensación de que todo lo bueno ha pasado demasiado rápido y lo malo se ha instalado para quedarse. Sí, un poco como lo de Cataluña, donde parece que terminó el tiempo de las orgías y nos espera la abstinencia como único recurso contra la escasez, mientras los políticos, unos y otros, se masturban en soledad y a los ciudadanos de a pie nos espera, con suerte, un doble anal, así que vayan preparando los enemas, que esto no ha hecho más que empezar...
Saludos.

miércoles, 4 de octubre de 2017

Películas para desengancharse #26



Ahora tengo claro qué tipo de personas querrían desengancharse de una película como THE BRIDGE ON THE RIVER KWAI, del verdadero y genuino mensaje que subyace tras su apariencia de típica película bélica. No lo es, y quienes no hayan entendido nada son los que han alentado a la Guardia Civil para que reparta mamporros, o los que se han atrincherado delante de unos tuppers tamaño familiar invocando su derecho a votar, como si no lo hubiesen tenido nunca. Me indican que la culpa es de los mismos de siempre, de quienes mueven los hilos para que el potaje bulla y termine como terminó, con violencia y sin diálogo. La obra maestra absoluta de David Lean lo es por muchas cosas, por su espectacularidad, por el apabullante dominio de los grandes espacios, por la capacidad infinita de integrar con absoluta naturalidad diferentes línas argumentales aparentemente antagónicas, y dar una clase magistral sobre cómo modular acción, drama, humor y, sobre todo, reflexión. EL PUENTE SOBRE EL RÍO KWAI es una película profundamente reflexiva, con el puente como encarnación metafórica del entendimiento entre enemigos; la irreductible, estoica e inteligentísima postura del coronel, que termina arrebatándole al oficial japonés toda razón, para seguidamente demostrarle que los hombres (guste o no guste) están condenados a entenderse y colaborar entre ellos. El demoledor final, uno de los más hermosamente folmados de la historia del cine, da la vuelta a todo esto y muestra, de nuevo, el reverso, la "locura" (en palabras de uno de los soldados), simbolizada en la destrucción, en cuestión de segundos, de lo que la voluntad humana ha tardado tanto en construir.
Se tarda mucho tiempo en construir un país y una identidad, y tan sólo unos días para destruirlo. Quienes no se identifican con esta maravillosa película puede que se identifiquen con los de los mamporros y los simulacros de democracia...
Y si se lo preguntaban, sí, el monográfico ha vuelto.
Saludos.

martes, 3 de octubre de 2017

Wajda. Brillo y dominio #5



Hace sesenta años, Andrzej Wajda filmó una de esas películas que aceptan el calificativo de "tremebundas" sin pestañear. KANAL es la crónica de un grupo de resistentes en la Polonia ocupada de finales de 1944, un heterodoxo simulacro de ejército, ni siquiera guerrilla, que huye del asedio alemán mientras busca un posible reagrupamiento con otras facciones dispersas. Wajda combina ágilmente el retrato intimista de estas personas, sus miedos, certezas y debilidades, mientras ocupan un edificio destrozado y, finalmente, se ven obligados a huir por las alcantarillas de Varsovia. La alegoría del film va siendo escalonada por su propia circunstancia: incapaces de sobrevivir en la superficie, las personas han de descender hasta un río de inmundicia, perpetuamente oscuro y sin otra opción que avanzar con la esperanza de encontrar una salida. Seres humanos reducidos a la condición de alimañas, y que apenas pueden mantener su humanidad en frases, actos que asimismo tratan de escaparse de una situación absurda y desesperada. La última parte del film, más cercana al cine de terror, es una lección de cómo construir una atmósfera opresiva e incierta. Una película que es ya un clásico imperecedero y que supuso el gran espaldarazo de Wajda a nivel mundial, y que cristalizó en el Gran Premio del Jurado que logró, ex aequo, nada menos que con Ingmar Bergman.
Saludos.

lunes, 2 de octubre de 2017

Secesionistas



Hoy es 2 de Octubre, o 2-O, que parece un resultado que se dio ayer en la Liga, aunque el único resultado que se dio ayer es que todos perdimos. Pase lo que pase, da igual, no importa el resultado cuando hay tantos lesionados en el campo. A mí los patriotismos siempre me han parecido peligrosos, armas arrojadizas que sirven a los intereses de unos pocos, pero que necesitan de la participación de una mayoría que, en el mejor de los casos, ni siquiera sabe por qué está besando una bandera. Lo de ayer fue la crónica en vivo de un fracaso monumental donde todo el mundo saca pecho; en este país (pero puede hacerse extensivo, no crean) somos así, incapaces de la más mínima autocrítica, como en una guardería ensordecedora en la que cuelga la letanía del "y tú más". Pero será "y tú menos", porque ya no es España sin Cataluña o viceversa, es la terrorífica constatación de que estamos gobernados por funcionarios, economistas, gestores o incluso monologuistas como un tal Rufián, pero mucho me temo que la clase política, los políticos, ya no existen; y es terrible, porque mi idea de la utilidad de los políticos, casi la unica que tienen, es que al menos sean capaces de hablar entre ellos para alcanzar el bien común. Olvídense, los que ahora dicen llamarse políticos le necesitan a usted antes, pero como todo amante interesado, el después se limitará a echar un cigarrito y una despedida entre tierna y repugnantemente condescendiente.
El año pasado, Gary Ross, un director que hizo una obra maestra que debería ponerse cada año en los institutos, PLEASANTVILLE, filmó FREE STATE OF JONES, una película que habla de un tipo que estaba hasta los cojones de que a la guerra fueran los pobres para defender los intereses de los ricos, de que unos sembraran y otros se llevaran el beneficio, o de que un hombre fuese considerado menos que un animal por el color de su piel. Así que Newton Knight decidió irse, reunir a todos aquellos que ya lo habían perdido todo y fundar una especie de estado dentro del estado. No sé si eso es secesión, pero si se parece a un principio universal de justicia. Lo que ya no me queda tan claro es qué supuso lo de ayer en Cataluña, aunque lo chungo es que los encargados de calibrarlo lo van a hacer con calculadora en la mano...
Saludos.

domingo, 1 de octubre de 2017

Rincón del freak #283: Si te dicen que caí... otra vez



Ver THE MUMMY'17 es... No creo que tenga que explicar casi nada, porque uno sabe de antemano qué va a encontrar exactamente. Lo sabíamos desde aquella ya muy lejana versión de finales de los noventa; sabíamos entonces que lo de menos era la momia en sí, apenas un pretexto argumental para retomar la estética y modos del Indy de Spielberg. Esto es lo mismo, solo que la "puesta al día" consiste en cruzar una especie de Jason Bourne con Lara Croft... (wtf?)... Y supongo que sólo les salía en las cuentas Tom Cruise, que me temo habrá metido mucha más mano de lo que indican los créditos. La momia, esta vez, es una mujer, con los exóticos rasgos de la argelina Sofia Boutella, pero con poco misterio y menos exotismo del requerido. Esto podía haberse llamado de cualquier manera, podría ser cualquier cosa, pero es indigno ni siquiera intentar acercarse a la obra maestra de Karl Freund. Alguien debería pedir perdón por esa tropelía, porque quedan tumbas que es necesario no profanar jamás...
Saludos.

sábado, 30 de septiembre de 2017

Nada



Filmar la nada es un reto, una ambición sin ambición. Filmar es llenar, la pantalla, los personajes, los objetos. Escribir también lo es, la lucha constante contra la nada, la página en blanco. Por ello un reto, una ambición. Porque parecería una contradicción, un acto anticreativo. Lo dijo Sartre. Y mientras tanto, Marguerite Duras quiso hablar de la nada mediante una filmación turbadoramente sencilla cuando sus elementos son separados, pero formando un todo que, sin ser cohesionado, se acerca a una composición sinfónica, o dodecafónica para ser más exactos. NATHALIE GRANGER es el nombre de una niña a la que apenas vemos más que en un par de actos cotidianos; una voz en off nos avisa de su mal comportamiento, una rebeldía que amenaza con destrozar sus muchas aptitudes académicas; entre ellas, el piano, que suena incesantemente, pero más como repetición y ensayo, y no como obra ejecutada. Mientras tanto, las noticias en la radio suponen el único contacto con la realidad exterior, aunque únicamente retransmiten noticias truculentas, sucesos como robo e ncluso asesinato; el resultado es la identificación con lo ajeno, quizá mediante una absurda solidaridad. Las dos mujeres, las dos actrices, son Lucía Bosé y Jeanne Moreau; no hacen mucho más que observar algo frente a ellas, quizá la nada. Pero un día llega un vendedor, e intenta venderles una lavadora...
Saludos.

viernes, 29 de septiembre de 2017

Pasión fría



Otro de los nombres míticos que se nos marchó recientemente es el de Jeanne Moreau, actriz inmensa, inabarcable e inclasificable; mezcla imposible entre Anna Magnani, Ingrid Bergman y Bette Davis, y musa de decenas de directores, que sucumbieron ante su dominio de la escena y magnética mirada. Son muchos los títulos que han aparecido aquí y que resaltaban el protagonismo de Moreau, que fue, además de actriz, directora, escritora y audaz librepensadora en un mundo y un mundillo que en demasiadas ocasiones ha mantenido a las mujeres, a conveniencia, como fetiches sexuales, sin mayor presencia que el contrapunto frívolo a los verdaderos protagonistas, los hombres. Y uno de los films que más significativos me parecen en relación a esta cuestión es LA MARIEE ÈTAIT EN NOIR, el thriller cubista que François Truffaut filmó en 1968, adaptando la novela de Cornell Woolrich y que le sirvió como intachable tratado feminista, aunque tirando por lo truculento, es cierto, pero que supone una interesantísima vuelta de tuerca al tema de los roles, no ya en los repartos cinematográficos, sino en cualquier ámbito de la vida. Una visión simplista la emparentaría con la falsa creencia de que se trata de un relato sobre la venganza, cuando yo lo veo más como un enfriamiento de las pasiones toda vez la verdad, indiferente y cruel, cae sobre el culpable que ha enterrado su delito con el cemento de lo cotidiano. Nada tiene que ver, pues, como he oído, con el díptico que Tarantino ideó hace unos años, ni tampoco con las variaciones sobre venganza de género del coreano Park Chan-wook. Truffaut engloba muchas más cosas, desde la insatisfacción sexual femenina hasta la hipocresía del eterno donjuán, encarnada aquí en cinco hombres que idealizan a la mujer, pero apenas la consideran más allá de su posible y efímero atractivo. Un absurdo crimen, cometido varios años atrás, es el punto de partida desde el que esta mujer, paradigma de todos los vicios y virtudes del alma rota en mil pedazos, irá urdiendo un frío y enigmático plan para acabar, uno a uno, con cada uno de estos hombres. Pero ¿por qué no?, también con cierta repugnante y trasnochada idea de la masculinidad...
Saludos.

jueves, 28 de septiembre de 2017

Ethan deconstruido



¿Qué les pasa? ¿Les da miedo que un director debutante actualice CENTAUROS DEL DESIERTO? ¿Que la redimensione e instale su demoledor discurso en esta actualidad nuestra que pocos se atreven a afrontar en toda su complejidad? Por supuesto que LES COWBOYS no es una película perfecta, y ni siquiera creo que sea una gran película, pero admito que me ha parecido uno de los retos autoimpuestos más interesantes del cine reciente, por lo que encabeza esto, su digna temeridad, la misma con la que Ethan Edwards emprendía una búsqueda vacía de esperanza, pero que le mantendría en pie, el último hombre con razón, con corazón. Lo que Thomas Bidegain propone es complicado, usar toda la parafernalia de un thriller convencional, mixturarlo en esencias antropomórficas y expandir la causalidad inicial en unas elipsis gigantescas, rotundas, que transfiguran completamente todo paso preconcebido por el espectador. Al igual que sus protagonistas, no toda la fuerza motriz del film es acompasada, sino que atiende al personaje que (realmente) importa en ese preciso momento. Todo comienza con una multitudinaria convención Country en algún lugar del Este de Francia, que parece indicarnos un posible camino alegórico un western de ubicación errónea, por llamarlo de algún modo, pero que transmuta bruscamente en la solitaria obsesión de un hombre, un padre capaz de cualquier cosa para encontrar el rastro de su hija desaparecida. Sin embargo, Bidegain, lejos de mantenerse ahí, consuma otra proeza más, borrando la fisicidad del protagonista y cambiándolo por su hijo, que, años después, prosigue una búsqueda eternizada en el tiempo y desarrollada en otro espacio radicalmente diferente. Pero no me gustaría dar una opinión cultureta de un film que logra momentos de tensión casi insoportable, tan sólo que es importante reseñar, en este caso, que existe una intención que cohesiona un relato morfológicamente imposible, casi deconstruido de no ser porque el motor, el corazón al que aludíamos antes, nos implica directamente, cuestionando qué papel desempeñamos cada uno, y si estaríamos dispuestos a aceptar que éste fuese más bien antagónico...
Imprescindible.
Saludos.

miércoles, 27 de septiembre de 2017

¡Buenos días, capitán!



Catalogada en esta reciente e interesantísima última oleada de cine proveniente de Grecia, y de la que sería máximo representante Yorgos Lanthimos, CHEVALIER se desmarca en fondo, y sobre todo en forma, articulando una inquietante disyuntiva, de la que salen mal paradas muchas cosas, por encima de todo la masculinidad, lo masculino, entendido como discurso de poder indiscutible, que sin embargo se derrumba ante la más nimia contrariedad. Sin disimular su mirada femenina, la directora Athina Rachel Tsangari (quien produjo en su momento la fundamental CANINO), en su tercer film, presenta a un grupo de hombres que pasa varios días de vacaciones a bordo de un yate, propiedad de uno de ellos y médico de profesión. Allí hacen pesca submarina, conversan sobre sus aficiones, trabajo, familia; comen, duermen, se comunican a distancia con sus esposas y, puntualmente, juegan. El juego, como competición absoluta, es el artefacto explosivo que hace saltar por los aires la concordia, educación, valores y transforma la convivencia en un campo de minas, donde la desconfianza toma el control y los individuos quedan reducidos a una única obsesión: ser el mejor en todo. En todo, o en cualquier cosa, sean aptitudes físicas, mentales, destreza o incluso, cómo no, una esperada medición de pollas enhiestas, auténtico motor ideológico del macho empoderado como soberano dominador todoterreno. Menos truculenta que otros títulos de la reseñada camada, CHEVALIER parece no decantarse entre el humor surrealista de un Buñuel o el tenso juego psicológico de ciertos iconos nórdicos, y esta indecisión le resta empaque y la deja como una elaborada y precisa reflexión, pero que no llega a un, por otra parte esperado, hiperclímax, más allá de dos o tres escenas que impactan por su insólita filiación extraterrestre.
Curiosa, pero deberíamos exigirle más a esta prometedora directora en futuros trabajos.
Saludos.

martes, 26 de septiembre de 2017

Wajda. Brillo y dominio #4



IDE DO SLONCA (YO CAMINO POR EL SOL) es el título del extraordinario documental que Andrzej Wajda dedicó a la figura del escultor Xawery Dunikowski, maestro de maestros y poseedor de una rotunda y poderosa concepción artística, que aunaba clasicismo, humanismo y simbolismo en una obra formada fundamentalmente por figuras humanas, y que en sus últimos años se centró en la escultura arquitectónica de gigantescos y solitarios mausoleos, que inentaban dar forma al horror de Auschwitz, del que Dunikowski fue un milagroso superviviente. De nuevo estamos ante una excepcional muestra de concisión, donde Wajda es capaz de delinear con claridad la controvertida personalidad del escultor, al tiempo que seguía perfeccionando su propio método de trabajo.
Saludos.

domingo, 24 de septiembre de 2017

Rincón del freak #282: Un cuento desanimado



El mundo del cómic ha aportado ingentes cantidades de talento, imaginación y frescura al siempre anhelante audiovisual, ávido de nuevas sensaciones; y no sólo en cuanto a la creatividad de sus autores, sino siendo el cómic el tema en sí, lo que abre un abanico casi infinito de posibilidades. Lamentablemente, no faltan quienes creen que se puede poner cualquier cosa en imágenes y terminan presa de su propio artefacto, como es el caso de THE DARK STRANGER, que tiene una idea de partida interesante pero se queda simplemente como un telefilm refrito de muchas cosas y a mitad de camino de todas ellas. La sosísima historia de una joven dibujante de comics (por cierto, de talento más que discutible) que sufre un trauma tras el suicidio de su madre que le impide salir de su casa, es alargada innecesariamente con un trasfondo sobrenatural tan confuso como poco sugerente. Cuando a la muchacha le da por dibujar, una especie de espíritu se apodera de sus páginas y cobra vida como el misterioso personaje del título, un fantasma que se alimenta de la creatividad de los artistas... Cuando llegaron al punto de explicar esto yo ya hacía mucho tiempo que contaba mis bostezos, así que lo único que puedo recomendarles es que no la vean, por supuesto.
Saludos.
... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...

¡Cuidao con mis primos!