lunes, 20 de febrero de 2017

el "Sirkillo" impenitente



Toda vez hayamos aceptado que, haga lo que haga, Almodóvar estará siempre presente en los Goya, no sólo comprenderemos el inútil trasfondo del certamen, sino el auténtico porqué de la existencia de su cine. El cine de Almodóvar aspira, siempre lo ha hecho, a quedarse, permanecer a toda costa; enroscado como un gato ya viejo, se resiste a ser desplazado del confort de "su" sillón, y no digo que el derecho no se lo haya ganado, pero otros con más y mejor discurso hace tiempo que tiraron para la canasta. JULIETA es eso, la perfecta definición de un señor que ha logrado que nadie le lleve la contraria, por eso siempre está ahí, pero por eso también es sistemáticamente apartado hacia un lado, y solamente es recompensado con alguna chocolatina sobrante, en especial para sus actores (más bien actrices). Una película paralizada en el tiempo, pero también rígida en el espacio, donde parece buscarse el disecado de la viñeta antes que el dinamismo del celuloide, lo que no deja en muy buen lugar a alguien que apenas arriesga a tercos y confortados cinéfilos de babucha de paño, mientras olisquean el pachulí y el Paladín en una de esas tardes lluviosas con Sirk de fondo. No sé, no soy nadie para decirle a estas alturas a un señor que lo ha ganado (casi) todo lo que debe hacer con su carrera, pero sí que lo tengo a quejarme de que su cine, o su manera de interpretarlo, no contribuye a que los jóvenes radicales (que los hay) puedan impulsar sus propuestas, y con ello desencallar una industria que acumula toneladas de polvo de arroz. Almodóvar es un tapón, un gato que ha gastado seis vidas pero que no duda en sacar una garra afilada, la misma que tanto echamos de menos en sus historias de tita de pueblo. Sólo le falta hacer la historia de un ama de casa amargada y católica en 3D, aunque tendrían que incluir kleenex digitales a la entrada...
Saludos.


domingo, 19 de febrero de 2017

Rincón del freak #259: De cómo la justicia se confunde con el capricho



Después de pensarlo un par de veces, no muchas, y darme un par de cachetes para comprobar si lo que acababa de ver era producto del estado semifebril en el que he estado estos días o si esto forma parte del aquí y el ahora. EL OLIVO es una película con buenas intenciones, que habla de lo buenos que son unos y lo malos que son otros, sin tener en cuenta cromatismos, pero bueno. La primera mitad es salvable, parece un mal imitador de Kiarostami filmando árboles y gente, pero luego nos damos cuenta de que esto no es más que un producto diseñado para intentar lanzar a una joven (y discreta) actriz, Anna Castillo, que sin embargo borda su papel, el de niña repelente y caprichosa, que confunde el concepto de justicia con el de "mis santos huevos han decidido que voy a montar un pifostio de los cojones y voy a mandar a la ruina a toda mi familia y amigos, pero yo me voy a Alemania a por un árbol, que era de mi abuelo y yo a mi abuelo lo quiero mucho, y aunque me enrollo con el primero que veo en las discotecas al que le pido ayuda es al mongui que babea por mi culo, y aunque tenga que vivir debajo de un puente se va a venir conmigo a Alemania a por el árbol"...
Sí, escribe Paul Laverty. Terrible.
Saludos.

sábado, 18 de febrero de 2017

Día de perros



A Daniel Calparsoro le han dado a base de bien tras el estreno de CIEN AÑOS DE PERDÓN, su último film y con el que obtenía un par de nominaciones en los Goya. Pero el director vasco no engaña a nadie desde que conmocionó la escena española con su ópera prima, SALTO AL VACÍO, hace ya más de dos décadas. Es curioso, porque a pesar de que he visto casi todas sus películas nunca había aparecido por aquí hasta ahora, y me parece significativo, porque pareciera que Calparsoro va un poco a su aire pero operando muy dentro de la industria, encontrando financiación para sus proyectos más personales en sus trabajos para televisión o en coproducciones, como es este caso. No se engañen, CIEN AÑOS DE PERDÓN es lo que es, una película infecciosa, entretenida, un poco naif, con muchísima brocha gorda y unos actores más que solventes, sobre todo los pertenecientes a la facción argentina, que le dan frescura y empaque al montante. Unos atracadores, un megabanco en Valencia, un día diluviano, una directora con la carrera acabada, un montón de rehenes, dos negociadores muy diferentes, unos políticos que se parecen una barbaridad a los de un partido que empieza por P y termina por P. Y una caja. Una caja que vale infinitamente más que todo el dinero que se pueda sacar del atraco, y que desestabiliza a todo el mundo, porque quizá todo el mundo está pringado al contacto con esa caja. Es, ya digo, ideal para los que pretendan cambiar el mundo indignándose por Facebook y no tengan muchas ganas de pensar por qué ocurren las cosas realmente; un entretenimiento vertiginoso, correcto, y que no sería justo comparar con propuestas similares y evidentemente superiores.
Saludos.

viernes, 17 de febrero de 2017

Ettore scola. Un italiano en Italia #9



Ustedes saben de mi querencia kamikaze por obras sórdidas, cuando no directamente fuera de circulación. Aparte de estar escribiendo estas líneas con un resfriado monumental, que me ha alterado la percepción de la realidad hasta límites insospechados y me ha obligado a probar el caldito Starlux XXL, me veía no hace mucho embobado ante una monstruosa copia en infraVHS que circula en el tubo de TREVICO-TORINO (VIAGGIO NEL FIAT-NAM). Por supuesto en la lengua de Valentino Rossi y con un sonido... digamos que poco recomendable si no se es amante de las psicofonías... Y, bueno, me enteré de que ésta fue una pieza muy personal de Scola, que grabó casi en solitario y que sirvió para denunciar las malísimas condiciones laborales de quienes acudieron, a principios de los setenta, a la imponente llamada de las gigantescas cadenas de montaje de Fiat. Scola se sirve para ello del joven actor Paolo Turco, al que incrusta en imágenes de manifestaciones sindicales reales filmadas en semiclandestinidad. Una pena que la mitad de la película sea simplemente indescifrable, pero creo que ha merecido la pena una experiencia tan tortuosa.
Saludos.

jueves, 16 de febrero de 2017

Postulados para la violación de la realidad #19



En 2005, Kiarostami se embarcó en un curioso proyecto a tres bandas, junto al británico Ken Loach y el italiano Ermanno Olmi. TICKETS está falsamente dividida en tres segmentos, pues bien podríamos considerar que todos se suceden en tiempo y forma, y sólo podríamos advertir los cambios suscitados por la mano de cada director. Situada en un tren que va desde el Norte de Italia hasta Roma, mi interpretación personal (muy personal) es que se intenta dar una especie de (mal) estado de la sociedad moderna, comenzando por la hipersensibilidad de Olmi en el primero, retratando a un viejo científico que se dirige a dar una conferencia y que construye una falsa historia de amor con su asistente, lo que contrasta gravemente con el grupo de militares que ven una potencial amenaza en cualquier parte. Kiarostami, por su parte, se centra en las falsas apariencias, que tan presentes están, aunque no queramos verlo, en nuestra cotidianidad. De hecho, el director iraní decide ocultar cualquier dato biográfico y esperar a que comprendamos si esa señora impertinente merece viajar en primera clase con un billete de segunda, o si las intenciones del joven hastiado que la acompaña son buenas cuando busca conversación con dos niñas que también quieren aparentar más edad. Loach, sin embargo, decide romper toda la baraja de la sutilidad y presenta a tres típicos hooligans del Celtic de Glasgow que van a apoyar a su equipo, que tiene un partido de Champions en la capital italiana frente a la Roma. Y eso que se le queda todo a pedir de boca, ya que por fin entran en la historia la misteriosa familia, compuesta por tres mujeres y un niño y que llevan todo el viaje en el pasillo, observando las comodidades de la primera clase. Desgraciadamente y prescindiendo de su inseparable Paul Laverty, Loach remata una típica historia de las suyas, sensiblera y panfletaria, pero que al menos deja en buen lugar a las Green Brigades... Aun así, una interesante aunque irregular película por episodios.
Saludos.

miércoles, 15 de febrero de 2017

No dejes que la realidad te estropee una buena historia



Recuerdo que después de ver LA ISLA MÍNIMA, además de la satisfacción por ver que mi paisano Alberto Rodríguez era capaz de inaugurar lo que hoy día se celebra como "Nuevo thriller ibérico", me asaltó una duda, no muy preocupante, pero sí rotunda. No sé por qué pero me daba la impresión de que Rodríguez podría sucumbir a la tentación de rotoscopiarse a sí mismo, esto es: alejarse de sus habituales (y fascinantes) saltos al vacío e ingresar en la nómina de directores preocupados por la historiografía patria. Y es que no es lo mismo reseñar que crear, y aunque es encomiable el poderoso pulso que trazan las dos horas de guion caníbal de Rafael Cobos y el propio Rodríguez, el sabor que queda en el paladar tras ver EL HOMBRE DE LAS MIL CARAS es el de un trabajo excesivamente encorsetado, sin muchas ganas de asomarse al abismo de los archivos clasificados. Y mi pregunta es clara: ¿Por qué tendríamos que puntuar alto a una recreación de lo que se nos ha permitido saber acerca de ese tipo llamado Francisco Paesa? Nadie, absolutamente nadie sale perjudicado de este recorrido por salones, bancos, habitaciones de hotel, que sirven apenas para aturdir nuestra percepción y no ver con claridad lo que en realidad es: el saqueo indiscriminado a las arcas públicas por parte de unos señores que, no se sabe cómo (y esto es lo malo), han decidido que la sociedad vale una mierda y sólo cuentan los beneficios. En medio está la ETA, Belloch, un piloto de aviones y Luis Roldán glorificado como chivo expiatorio. Habrá que seguir esperando para que un artista lúcido y con inteligencia ponga en su sitio a los que mantuvieron las reglas básicas del franquismo intactas, crearon la ilusión de la democracia "imperfecta" y de paso le arreglaron la vida a varias generaciones venideras de su familia. Para eso no hace falta dar nombres, aunque en ese caso habría que dar un paso al frente y admitir algo que todo el mundo sabe, que en este país hay una censura feroz.
¿Que por qué a pesar de todo me ha gustado? Pues porque a mí lo que me gusta es el cine bien hecho, y Alberto Rodríguez hace muy buen cine. La realidad se queda para los exégetas de nómina...
Saludos.

martes, 14 de febrero de 2017

Emoción sensible o sensiblería emocionante



Comenzamos aquí y ahora el recorrido por los títulos que han compuesto los premios Goya de este año, y lo haremos sin saña contra una ceremonia cada vez más ridícula... ¿He dicho sin saña?...
Y empecemos con la habitual película extranjera que todos los años hacemos pasar por española, lo que no tiene nada de malo si tuviésemos un cine reconocible, con sello, pero que desentona una barbaridad en cosas como ésta. UN MONSTRUO VIENE A VERME es, digámoslo ya, un blockbuster de calidad, con momentos brillantes (básicamente los de animación) y otros sonrojantes (no hay nada más sonrojante que una escena supuestamente emocionante que provoca risa). La emoción, la sensibilidad, en el cine de Juan Antonio Bayona están supeditadas al "elefante blanco" farberiano sin ningún tipo de modestia por su parte, incluyendo rígidas enseñanzas de todo el cine ochentero que conquistó las salas y los corazones de medio mundo; un cine que era consciente de sus propias imperfecciones y las ampliaba con ingenio y pasión. Bayona, en cambio, se conforma con el ruido de fondo, como si alguien pusiera a Bach a todo volumen mientras alguien intenta leer una poesía. La poesía nunca se sabrá si merecía la pena ser escuchada, pero se puede aducir que Bach siempre es Bach, aunque suene distorsionado. Sobre la historia tengo poco que añadir, excepto que tuve demasiados momentos en los que no sabía qué tipo de película estaba viendo exactamente, si un drama lacrimógeno, un cuento de terror gótico, una historia de iniciación adolescente u otro post-engendro superheroico. Y entre medias, tres (o cuatro, no me acuerdo) maravillosos insertos de animación en una acuarela bellísima, lo único que cobraba sentido en el montante, pero que (otra vez) parece que sólo sirve para regodearse delante de unos ojos supuestamente asombrados. No es el caso.
Saludos.

lunes, 13 de febrero de 2017

La felicidad no dura



Emmanuelle Riva se puso a las órdenes de Philippe Garrel en 1983, para filmar LIBERTÉ, LA NUIT, un sentido díptico acerca de las cicatrices de la Guerra de Argelia, con un fantasmagórico Maurice Garrel, cuyo personaje es básicamente un muerto en vida, y la fascinante Christine Boisson, que protagoniza la segunda parte del film. Concebida en dos partes complementadas, comienza con los esfuerzos de Jean (Garrel) por abandonar el FLN y comenzar una nueva vida, al mismo tiempo que inicia la separación de su mujer, Mouche (Riva). Sin embargo, un trágico suceso volteará por completo la situación, y Jean decide huir de todo a un lugar apartado en la costa; es aquí donde conoce a una joven, que se enamora de él, aunque sabe que su destino está ya marcado. Garrel lo filma todo con su habitual estilo imperfecto, con una nitidez sucia, a contraestilo, e impregna esta triste historia de un romanticismo doliente, obteniendo algunas imágenes eternas, pero que contrastan con el carácter efímero que traspasa todo el metraje, desde el trabajo como costurera de Mouche hasta los paseos por la playa de Jean, todo responde a un único deseo: filmar la dicha de un hombre que es consciente de su extinción.
Saludos.

domingo, 12 de febrero de 2017

Rincón del freak #258: Corrección política y todoterrenos



Un ejemplo clarísimo de la grandeza interpretativa de John Hurt lo podemos rastrear, sin duda, en sus películas más prescindibles, a las que es capaz de dotar de inusitada categoría. PARTNERS, de 1982, era una ínfima comedieta en la que sale Ryan O'Neal vestido de los Village People y Hurt con un suéter rosa. Sí, es aquel placer culpable que usted alquiló en Beta y que llegó a poner en duda su propia orientación sexual. Con un argumento que recordaba ligeramente a A LA CAZA, contaba el estrambótico devenir de una pareja de policías que debe integrarse en el ambiente gay californiano; el primero no lo ve nada claro, pero su jefe decide explotar su innegable atractivo sexual para intentar atraer al asesino de un joven gay; el otro tampoco lo ve claro, pues ha intentado ocultar su homosexualidad en su trabajo de oficinista. El responsable de esta nimiedad era James Burrows, mítico creador de CHEER'S y con una larguísima trayectoria en TV desde principios de los setenta, pero que aquí hizo su primera y última incursión en la gran pantalla. Tiene algunos momentos de sonrisilla, por recordar las cosas que veíamos hace treinta años, pero lo que verdaderamente tira para atrás es su sentido del humor, impensable en estos tiempos, tratando a los homosexuales con un estereotipo que no hubiese desdeñado el mismísimo Pedro Lazaga. Pero luego está John Hurt... Palabras mayores.
Saludos.

sábado, 11 de febrero de 2017

El cura por la ventana



Finalmente no me he podido resistir, a la memoria de la grandísima e irrepetible Paloma Chamorro, L'ÂGE D'OR. Una película (llamémosla así) que supuso la segunda colaboración entre Buñuel y Dalí, aunque este último apenas tuvo un par de destellos en el resultado final de esta crítica furibunda a las convenciones sociales. Surrealismo o no. Contracultura o no. Verso libre o no. La apuesta de Buñuel es que usted, espectador biempensante, que todo lo tiene confortablemente bien atado en su cabeza, se vea descolocado, herido en su linealidad. LA EDAD DE ORO, del mismo modo que ocurría con UN PERRO ANDALUZ, tiene un par de lecturas posibles, como afilado discurso anti-todo que hay que apender a desencriptar o (este es el que más me gusta) la posibilidad de que Buñuel llegara a pensar como un niño, presumiblemente enfurruñado. Que seríamos más felices siendo más libres, aunque esa libertad nos asuste; que sólo tenemos dos sitios en los que militar: los que se  hacen cruces frente a una imagen inanimada o los que se revuelcan en el barro como si fuese su último día sobre la Tierra. Paloma Chamorro nos indicó el segundo camino, pero no le hicimos mucho caso, la verdad.
Saludos.

viernes, 10 de febrero de 2017

Ettore Scola. Un italiano en Italia #8



Ettore Scola abordó un curioso proyecto en 1971, una película situada en Chicago y que contaba las andanzas de un minero italiano, bastante cateto, que se gana la vida en un apartado pueblo de Alaska, pero que viaja a la ciudad del viento a presenciar un importante combate de boxeo, deporte del que es un apasionado. PERMETTE? ROCCO PAPALEO es un improbable cruce el Ernest Borgnine de MARTY y el Paco Martínez Soria de LA CIUDAD NO ES PARA MÍ, del que emerge un Marcello Mastroianni tremendo, capaz de meterse en la piel de este palurdo de modales asfixiantemente educados y que de no ser por el carácter semicómico del film podríamos llegar a calificar como de "psicópata involuntario". A causa de un atropello, el Papaleo del título conoce a una exuberante modelo (la espectacular Lauren Hutton), que se siente en deuda con el infortunado, al que poco menos que acoge como invitado. El tipo, deslumbrado por la chica, se olvida del boxeo y de todo lo demás, y empieza a imaginar una vida posible junto a la modelo, sin pensar en la opinión de ella, claro; al mismo tiempo, su estancia en Chicago le sirve para relacionarse con algunos personajes bastante estrafalarios y que bien podrían haber salido de la pluma de un Bukowski.
Escrita junto a su inseparable Ruggero Maccari y el actor y profesor Peter Goldfarb, PERMETTE? ROCCO PAPALEO termina siendo una película más oscura de lo que podríamos pensar, una especie de desmitificación con bastante mala leche de esos "simpáticos" pueblerinos que a veces confunden la cortesía con el coñazo puro y duro. Otra curiosidad de aquella época.
Saludos.

jueves, 9 de febrero de 2017

Postulados para la violación de la realidad #18



Fiel a su radicalidad, Kiarostami fue aún más allá en 10 ON TEN, un documental (o quizá sea eso) en el que el propio director usurpa por unos momentos la pantalla para describir su proceso creativo en diez pasos, diez claves que va desgranando con calma mientras (por si cabía alguna duda) conduce un coche. Así, con suma sencillez, es capaz de invocar el espíritu de sus propias obras como si de otro actor se tratase, y en este juego metanarrativo logra que veamos a través de sus ojos, sentir sus películas como sólo él las siente y acompañarle en este viaje por su música, sus actores, sus guionistas, sus localizaciones y directores de fotografía. Un viaje por sus películas, puede que tan sólo para decirnos que no hay trampa ni cartón cuando lo que se expone no es más que lo que uno ve sin necesidad de cámara.
Saludos.

miércoles, 8 de febrero de 2017

Un ciudadano del mundo



Puede que a algunos el nombre de Quentin Crisp les pase más que desapercibido, pero se trata de una de las personalidades más controvertidas del pasado siglo, y lo vivió prácticamente de cabo a rabo. Crisp no era un artista, en el sentido estricto de la palabra, pero iluminó la senda de multitud de ellos, inspirándolos o directamente influyendo en su obra. Tampoco era un pensador, pero acuñó una miríada de frases tremendamente inteligentes, difíciles de ubicar por su ambigüedad, cuando no de una mordaz ironía. Lo que sí era Quentin Crisp es gay, pero nunca fue un activista ni un agitador, porque a lo que aspiró durante toda su vida fue a algo que normalmente los gays no ven con buenos ojos: la naturalidad. No es que fuera un tipo que pasara desapercibido precisamente, pero esa fue su lucha a contracorriente, soportar con estoicismo el desprecio hasta volverlo en contra de quienes le desprecian hasta volverlos despreciables a ellos mismos.
Crisp se fue a Nueva York en los años 80, justo en el momento más recrudecido del SIDA, y sus palabras al respecto sonaban extrañas entonces, pero el tiempo, como en tantas cosas, acabó por darle la razón, porque lo que la sociedad quería de los gays era verles preocupados, implorando la redención. Murió en 1999, nonagenario y cargado de razones como para pensar que ha sido uno de los personajes que mejor entendió qué es exactamente lo que significó el Siglo XX.
AN ENGLISHMAN IN NEW YORK, aparte de ser la canción con la que Sting homenajeó a Crisp, fue una pequeña película independiente de 2009 que, en formato telefílmico, hacía lo propio. La película, para qué engañarnos, no es gran cosa, y se le notan grandes carencias presupuestarias y narrativas, pero véanla sólo para disfrutar de 75 minutos de lección interpretativa a cargo de John Hurt, simplemente el único hombre posible para interpretar a alguien como Quentin Crisp.
Saludos.

martes, 7 de febrero de 2017

La vida como un ajuste de cuentas



Siguiendo con las necrológicas, este pasado verano se produjo, quizá, la más significativa. Moría Michael Cimino, y con él una manera de entender el séptimo arte que luego ya nadie más se ha atrevido a poner en pie. De Cimino me atrevo a decir poco, de él hablan mejor sus películas, pocas, apenas ocho, y las mejores ya aparecieron aquí hace mucho. Ni monográfico ni hagiografía, no le hubiese gustado. De Cimino sólo se puede hablar de una manera: comentando sus películas. Y puede que sea YEAR OF THE DRAGON la que con más elocuencia resuma una vida, la suya, que nunca fue muy bien entendida, ni por el público, ni por sus compañeros de profesión, y ni mucho menos por la prensa que empujó, de manera abyecta, para que esta imperfecta genialidad fuese la tumba de su director, apartándola de los oscar e incluyéndola en los razzies. La película es un ultraviolento thriller que tiene dos motivos especialmente poderosos: el barrio chino de Manhattan Sur y el indisimulado alter ego que encarna Mickey Rourke; un tipo insobornable, rudo, hosco, que aspira a cambiar las cosas por sus santos y se topa con una mafia que es mucho más que una mafia, una organización intocable, con ramificaciones hasta la policía y los políticos. Stanley White es Michael Cimino, un hombre al que le es arrebatado todo precisamente por ser el único hombre íntegro, que jamás antepone el dinero y que no soporta ver cómo sólo los mediocres suben.
Más de treinta años después, YEAR OF THE DRAGON es, probablemente, la última gran película que dirigió Cimino, una especie de ajuste de cuentas personal con aquellos otros mediocres que finalmente han conseguido lo que querían, un negocio solvente. El arte, dijo Cimino, no puede mezclarse con según qué cosas. Ahora es fácil rastrear a la pléyade de pálidos imitadores refriendo esta impresionante película, adueñándose de sus hallazgos como propios, constatando la mediocridad de quien no arriesga.
Imprescindible.
Saludos.

lunes, 6 de febrero de 2017

La angustia y la quietud



Otra gran personalidad que nos ha dejado recientemente es la gran Emmanuelle Riva, actriz de estilo elegante y reposado, y que obtuvo una nueva e inesperada actualidad a raíz de su inmenso papel en AMOR, de Michael Haneke. Pese a tener una carrera que se alarga por más de cinco décadas, no ha sido una actriz con una filmografía tan extensa como cabría esperar, aunque sí selecta, conteniendo algunas joyas como THÉRÈSE DESQUEYROUX, polémica y brillantísima adaptación que Georges Franju, otro raro, hizo de la celebérrima novela de François Mauriac, y que le valió a Riva el máximo galardón interpretativo en el Festival de Venecia. Concebida como un gigantesco flsashback, retoma la monótona existencia de la Thérèse del título, casada con un hombre (un también inmenso Philippe Noiret) de vida más que aburrida justo a la salida de la cárcel, donde ha ingresado acusada intentar envenenarlo. El gran hallazgo del film es, por tanto, construir un misterio "sin" misterio, propiamente dicho, y dar las claves para comprender qué o qué no hizo esta mujer, de la que parece imposible no sospechar, además de embaucar al espectador, a su propia moralidad, ya que también parece imposible no desear que en realidad no hubiese sido un accidente, sino una fría y calculada venganza contra quien ha proporcionado una angustiosa muerte en vida. Y Franju, cómo no, lo filma todo organizando las escenas, los personajes, derivándolos hacia su destino y con una naturalidad imperturbable, quieta, casi rozando el término "naturaleza muerta". Quizá el único director al que se pueda atribuir los adjetivos "moderno" y "clásico" con la misma y exacta intención.
Una joya intemporal a revisitar.
Saludos.

domingo, 5 de febrero de 2017

Rincón del freak #257: La mirada satinada



Por muy increíble que parezca, es ya la segunda ocasión en que el cine de los hermanos Coen aparece en sesión dominical. Cine que, vaya por delante, me ha ayudado a comprender mejor los entresijos de la creación cinematográfica con un puñado de obras maestras y otras que, sin llegar a dicha categoría, son películas maravillosas. Pero parece que los Coen, si no podemos hablar abiertamente de crisis creativa (ahí están barbaridades como INSIDE LLEWYN DAVIS), sí deberíamos hacerlo de un más que probable atisbo de autocomplacencia galopante. En HAIL, CAESAR!, los Coen están encantados de haberse conocido, aunque no llegan a concretar si en mejores épocas que ésta, y en un guion tan delirante y una producción tan coral se habría echado de menos una pizquita más de concreción, y no esa dispersión que da como resultado una colección de "números", a la mayor gloria de algunos actores, mientras que otros pasan directamente desapercibidos. No sé, no me ha gustado, aunque me la esperaba mucho mejor, una especie de divertimento inteligente, pero los personajes están poco conectados, apenas por dos o tres excusas argumentales; y pese a que hay un par de actuaciones memorables, las de Josh Brolin y Alden Ehrenreich, el resto, aunque viste mucho, aporta poco, comenzando por un George Clooney tan perdido como su propio personaje, uno de los protagonistas más endebles de todos los que los Coen nos han ofrecido. Seguiremos esperando...
Saludos.

sábado, 4 de febrero de 2017

No lo intenten en casa



Consejos primordiales para resistir, sin fenecer en el intento, una pantomima de entrega de premios en un país que se queja de que los políticos no promueven el cine y la cultura, mientras los títulos más reconocidos en festivales de todo el mundo son directamente relegados a un ostracismo del que nadie habla jamás. Lo de Rosales fue una anomalía, una especie de sublet para que gente tan sospechosa como Bayona sea considerado un maestro al que ni toser se puede. Cifras mandan, pero eso es darle demasiado a los mismos políticos que se intenta criticar. En vez de ello, es preciso sumergirse en una película que demuestre que en todas partes cuecen habas, y que el equilibrio no es sencillo para nadie. Por ejemplo, COMPLETE UNKNOWN es una película que hemos visto cientos de veces aquí; una historia que promete todo lo mejor en su arranque, pero luego descubre demasiado aprisa que está hueca como un cántaro vacío. Les pongo en situación: Hay una fiesta de cumpleaños, un grupo de amigos se reúne y uno de ellos presenta a una chica muy atractiva que acaba de conocer. Todos hablan de ella, que es guapa, inteligente y educada, pero el homenajeado no termina de encajar a aquella chica, porque sabe que la conoce de algo. No adelanto más, pero ya les digo que no hay mucho más que adelantar; lo que podría haber sido un thriller psicológico de primera magnitud termina como un episodio alargado de una serie olvidada, repleta de clichés y lugares comunes. Y parece complicado con dos excelentes actores, Michael Shannon y Rachel Weisz, que demuestran estar muy por encima de un guion directamente inverosímil y que introduce personajes que no aportan absolutamente nada, excepto el lucimiento de una insustancial Kathy Bates.
Y eso que aun así es preferible a tres horas de eterno retorno de lo idéntico...
Saludos.

viernes, 3 de febrero de 2017

Ettore Scola. Un italiano en Italia #7



En DRAMMA DELLA GELOSIA, de nuevo propone Ettore Scola una retorcida vuelta de tuerca a los problemas más mundanos. En este caso, con una mezcla demasiado acusada de géneros, desde la comedia gamberra y esperpéntica a la fantasía pop, verbigracia de un trío protagonista de lujo y que valió a Marcello Mastroianni el premio al mejor actor en Cannes. Completaban Giancarlo Giannini y la maravillosa Monica Vitti, menos fría que de costumbre y demostrando una divertida vis cómica. El argumento no puede ser más delirante: una florista se enamora a la vez de un modesto albañil y un pizzero, sin poder dejar a ninguno intentará compaginar a ambos, sin contar con que eso del amor compartido es un ideal complicado de llevar a cabo. A Scola se le va la mano en más de una ocasión y el montante queda algo descompensado, como una sucesión de sketches a toda velocidad y con los mismos actores. Pero para el recuerdo quedan algunas escenas verdaderamente antológicas, como el conato de trío (que desmitifica dicha fantasía sexual) o el arranque, en el que se nos sitúa en la escena de un crimen que parece difícil de resolver y que encadena con el desenlace del film, que de nuevo tira del amargo sentido del drama de Scola y redimensiona una película a la que le sobra artificio y le falta un poco de concisión. Pero ver a la Vitti en ropa interior compensa casi cualquier cosa...
Saludos.

jueves, 2 de febrero de 2017

Postulados para la violación de la realidad #17



En 2003, Abbas Kiarostami realizó uno de sus films más radicales e inclasificables, un hermoso homenaje a Yasujiro Ozu que es, al mismo tiempo, un ejercicio de vaciado conceptual que obtiene su significado preciso de las formas y la observación a la que las sometamos en tanto que espectadores proactivos y no sujetos pasivos. La película es, en cierto modo, un cruce entre la geometría del realizador nipón y el paisajismo de James Benning, o puede que ninguno, porque Kiarostami prefiere filmar sin intervenir, casi sin planificar, y de sus imágenes hay una música del azar asombrosa, teniendo en cuenta que el azar no suele ser algo que encandile a los directores de cine. Así, FIVE DEDICATED TO OZU nos regala a nosotros, los seres de la prisa y amantes de lo efímero, 75 minutos de observación relajada del entorno, con el tiempo suficiente para que seamos nosotros quienes encontremos un significado, si es que lo hay. En los dos trozos de madera que se alejan y acercan por el oleaje, los jubilados que distribuyen su ocio en la misma contemplación de un cielo azul, los patos que parecen tener claro a dónde dirigirse, para seguidamente optar por la vía contraria, los perros que sólo pueden sucumbir a su propio instinto o la sinfonía de ruidos de la naturaleza en completa oscuridad. No es, claro, cine como ustedes y su prisa merecen, sino otra cosa que quizá ya hayan perdido para siempre...
Saludos.

miércoles, 1 de febrero de 2017

Rivette escribe #22



Es curioso. Jacques Rivette, el cineasta de los metrajes imposibles. Rivette, el creador de intrincados laberintos, juegos inescrutables que terminan por hacer claudicar al espectador, que necesitade su rendición previa a la inmersión en su universo personal, donde caben los artífices de la representación y los prestidigitadores de la realidad. Es curioso que para despedirse Rivette nos regalara una preciosa y humilde miniatura, una peliculita rebosante de vitalidad y que contagia un irresistible y jovial optimismo. Y todo en apenas 80 minutos... Una historia acerca de un pequeño circo que se resiste a la desaparición tras la muerte de su propietario y las reticencias de su hija para dirigirlo tras 15 años de ausencia del mismo, y cuyas razones compartirá con un recién llegado, un italiano que se siente fascinado por un modo de vida alejado del suyo. Así se podría describir 36 VUES DU PIC SAINT-LOUP, una especie de explicación póstuma, o una despedida en baja intensidad, desplegándose como un suave susurro que alguien nos hace confidencial con una sonrisa. Así conversan Sergio Castellitto y Jane Birkin, y así terminó de trazarnos la senda del tesoro un director único, irrepetible y a menudo simplemente indescifrable, pero cuyas pistas encontramos diseminadas en obras ajenas, como si siempre hubiese estado ahí. Y la función recomienza...
Saludos.

martes, 31 de enero de 2017

Un animal de la pantalla



Y dándole toda la vuelta a la frase más famosa de ELEPHANT MAN, es cierto, se ha ido uno de los animales cinematográficos más grandes de todos los tiempos. Un actor que, en la línea de los James Stewart o Jack Lemmon, hizo de la normalidad su propia excepción. Palabras mayores, porque hablamos de Sir John Hurt. Y simplemente no podemos abarcar la miríada de títulos que compone la filmografía de este ACTOR, así, con mayúsculas, pero, sabiendo que lo más destacable, por pura lógica, ya ha aparecido por aquí, vamos a intentar dar un par de pinceladas en los próximos días. Y como esto no se lo salta un galgo, y además era la que se me había quedado atrás de Lynch, no puede haber un solo cinéfilo de bien que pueda soslayar la sobrecogedora actuación de Hurt interpretando al desdichado John Merrick, capaz de atravesar kilos de prótesis y maquillaje para ofrecer una lección de humanidad tan grande que ni siquiera el habitual exceso del propio Lynch pudo quedar por encima. ELEPHANT MAN es John Hurt, el resto es apenas un accesorio de lujo, un reparto impresionante puesto en manos del gran enfant terrible de Hollywood. Y eso que secundaba un magnífico Anthony Hopkins, antes de habitar él mismo el Olimpo; y que la fotografía de Freddie Francis es una masterclass sobre la correcta utilización del Blanco y Negro. Y, ya digo, Lynch comedido (en la forma en que Lynch puede ser comedido), y hasta clásico, creando una atmósfera que huele a Lang y a Siodmak, y minimizando sus obsesiones estéticas para que no interfieran en un relato suficientemente potente e impactante. Una historia de soledades, de incomprensión y compasión, y una película que ha sobrevivido dignamente al paso del tiempo, colocándose como uno de esos clásicos atípicos que Hollywood nos regala de vez en cuando (no olvidemos que fue producida nada menos que por Mel Brooks). Para la Historia del cine quedará esa imagen icónica, quizá la que nos enfrenta a lo peor de nosotros mismos cuando rechazamos irracionalmente lo que no alcanzamos a comprender, la del hombre acorralado que reclama su humanidad a gritos, con la desesperación y la ternura que Hurt inyectó en vena de su personaje.
Una barbaridad.
Saludos.

lunes, 30 de enero de 2017

La edad de oro



Me he enterado de sopetón de la muerte de Paloma Chamorro, aquella señora que elevó el depauperado periodismo musical de este país hasta cotas que jamás han vuelto a conocerse. Ustedes conocen su programa de culto, y pensé en ir a lo obvio, a Buñuel, pero no. Voy a dedicarle a la Chamorro una de las mejores películas de lo que va de siglo, una genuina instauradora de una nueva "edad de oro" cinematográfica. KIS UYKUSU (SUEÑO DE INVIERNO), de Nuri Bilge Ceylan, ganadora de la Palma de Oro en 2014. Y podría intentar ponerles en situación internándome en su sinuoso laberinto narrativo, pero me cuesta horrores no dejarme seducir por el exponente máximo, que no es otro que el fascinante encadenamiento sensorial desde ese hotel-hormiguero "en alguna parte de Anatolia" y la correlación establecida con el rechinante mundo interior del protagonista, el dueño del hotel, que es o fue un actor de prestigio, pero que queda desnudo ante las circunstancias que le van aislando cada vez más de quienes le rodean, sean estos quienes sean; familia, amigos o desconocidos van orillándose en su deseo de no ser molestado en absoluto, como si la soledad fuese el único lugar al que poder ir sin máscaras. Este hombre es dueño también de la mayoría de casas arrendadas a gente de baja extracción social, lo que le ha creado una fama impopular; no duda en avergonzar a su joven mujer delante de todos, como venganza a lo que él considera su propia humillación y que sólo se resolverá con el divorcio. Y sin embargo ¿por qué le tendríamos por una mala persona si no fuese por el habitual maniqueismo de las historias que vemos a diario? Es complicadísimo el ejercicio que ejecuta Bilge Ceylan, un intento por no dejarse nada atrás, de comprender hasta el más mínimo detalle las razones por las que un hombre hace lo que hace y qué le va deshumanizando progresivamente, si no es que quizá no sea más que el único hombre de su entorno que es consciente de su propia humanidad, sin alternativa posible para seguir engañando a nadie más.
Cine con unas mayúsculas enormes y de una madurez de categoría proverbial. Un clásico instantáneo, y esos, como el programa de la Chamorro, son los que perduran para siempre...
Saludos.

domingo, 29 de enero de 2017

Rincón del freak #256: Antes de que Don y Vlad se pongan a firmar acuerdos...



Sí, porque no nos extrañaría ver al señor del tupé dorado y al musculoso e imperturbable dirigente ruso ponerse a firmar acuerdos sin ton ni son, así que los productores chinos "Hermanos Huayi" (que no es una cadena de fruterías) ha conseguido lo que hace un par de décadas era demencial: una coproducción entre Estados Unidos y Rusia.
Hasta aquí los datos objetivos. Ahora paso a comentar brevemente qué diablos es HARDCORE HENRY.
A ver, porque hablamos de una montaña rusa (nunca mejor dicho) de sensaciones, que de manera nada disimulada remite a toda la parafernalia de los videojuegos de última generación. Presentada como una "experiencia en primera persona", yo les recomiendo que se tomen una Biodramina antes si sufren de vértigos, porque esa perspectiva es mareante a no poder más. Y aunque es cierto que contiene algunas gotas de buen y desenfadado humor, lo que prima aquí no es otra cosa que ver cómo las manos biónicas del protagonista despedazan, rebanan, mutilan y machacan a todo el que se le ponga por delante, aparte de tirarse en paracaídas (sin paracaídas) o ser atropellado un par de veces por coches blindados.
Lo mejor: el minuto y medio de Tim Roth.
Lo peor: que Putin ya se la ha puesto a Trump... y parece que le ha gustado...
Saludos.

sábado, 28 de enero de 2017

El libro del buen aprendiz



OUTLAWS AND ANGELS se inscribe en la actual corriente de "Neo-westerns", con todos los inconvenientes que esto puede llegar a acarrear si no se encuentra algún elemento de cosecha propia entre lo que habitualmente no son más que refritos, más o menos ingeniosos, de títulos mayores. En este caso, el debutante J. T. Mollner arma un batiburrillo tremendamente descompensado y con evidentes fallos de montaje, que convierten al film en un artefacto extraño y desacompasado, con un arranque original y arriesgado seguido de un paseo por la nada excesivamente influenciado por el último trabajo de Quentin Tarantino, y finalizando en una película que parece otra, como un inserto que hubiese sobrado y parece que va a quedar bien. Menos truculenta que otras, no tan imaginativa, tiene el añadido, al menos, de poner en órbita a Francesca, hija del tito Clint, y quizá de lo poco realmente salvable de una función, ya digo, sólo para muy incondicionales del (sub)género.
Saludos.

viernes, 27 de enero de 2017

Ettore Scola. Un italiano en Italia #6



IL COMMISSARIO PEPE, de 1969, es una de las películas más injustamente olvidadas de la filmografía de Ettore Scola y un trabajo que descubría a un director con un estilo perfectamente reconocible hasta cuando acometía el encargo de adaptar una novela de éxito. Muy en la línea de Claude Chabrol, la trama gira en torno al singular comisario del título, un imperturbable Ugo Tognazzi, cuya reservada y estricta vida contrasta con la de sus convecinos en una pequeña ciudad de provincias. En mitad de un caso insignificante, su perspicacia le llevará a tocar algunas teclas que permanecían ocultas y descubrir una auténtica trama de corrupción, tráfico de drogas y prostitución, y el único que está de su lado es el borracho del pueblo, al que todos toman por loco precisamente por proclamar descaradamente y a la luz del día dichos actos delictivos, señalando a los mandatarios y a los nobles como verdaderos culpables. Pese a un arranque algo dubitativo en tono de comedia jocosa, Scola factura un film interesantísimo, con un pie puesto no sólo en Chabrol, sino en los Taviani y su cine del compromiso, mientras que su construcción de personajes es excepcionalmente rica en matices, desde el aprendiz pelota que jamás llegará a nada a la anciana que sigue invocando los modos de Mussolini en su propia casa, o esa pareja de jubilados que manejan una red de prostitución, la misma que surte de jovencitas a los condes que habitan un lujoso castillo. Una película, como tantas de su director, a descubrir sin ninguna duda.
Saludos.

jueves, 26 de enero de 2017

Postulados para la violación de la realidad #16



A lo largo de diez cortes, una cámara digital, fijada en el salpicadero de un coche, va registrando la vida diaria de una mujer en Irán. Una mujer que conduce en Irán. Una mujer que conversa en el interior de su coche, que discute con su hijo, que no acepta su reciente divorcio y que se vuelva a casar. Una mujer que recoge a una prostituta y no comprende su modo de vida, aún más expuesto que el suyo. Una mujer que observa la vida desde el interior de un coche, y que al mismo tiempo nos permite a nosotros contemplarla a ella, a la mujer, pero también a la ciudad, Teherán, porque no hay mejor modo de saber cómo se siente una persona que escuchándola, lo que no siempre es posible si eres una mujer en Irán. La película-documento-experimento se titula TEN, y es una magistral lección de cine hecha con mínimos medios, pero mucho más es una lección de vida, de cómo resulta imposible disociar el fondo de la forma y cómo ésta puede ser utilizada en término absolutamente contrarios al panfleto, esto es: como rotunda denuncia de las desigualdades que invisibilizan a las mujeres en sociedades puramente machistas.
Saludos.

... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...

¡Cuidao con mis primos!