viernes, 2 de febrero de 2018

Del miserabilismo



BRIMSTONE podría resumirse con una sola palabra. O cuatro. Historia de una maldición. Y creo muy necesario sintetizar de alguna forma que sea identificable la morfología cinética de una cinta que se extiende (necesariamente) hasta las dos horas y media, para realizar una pirueta narrativa que se trocea en cuatro partes que van progresivamente hacia atrás hasta la última, que cierra el círculo en tiempo presente. No sería justo limitar su extraordinaria intensidad al impresionante trabajo de los actores, encabezados por un terrorífico Guy Pearce y una superlativa Dakota Fanning, que impregna cada centímetro de la pantalla con un inacabable corolario de emociones, que van desde la dignidad al terror incontrolable, o un odio que casi puede palparse en su mirada. No obstante, el director neerlandés Martin Koolhoven (del que debo decir que no conocía nada) comete el error de rebajar la intensidad desplegada en su primer cuarto, donde se respira una incertidumbre malsana, que no permite al espectador saber a ciencia cierta a dónde se va a dirigir un relato que explosiona tan tempranamente, cuando aún quedan otros tres cuartos más de función.
Fanning interpreta a una mujer muda que vive junto a su marido, su hijo y su propia hija, ya que él está casado en segundas nupcias. Ella se dedica a ejercer de partera en su pequeña comunidad, pero la llegada de un nuevo clérigo la aterroriza con un terror que se ve incapaz de compartir y explicar, pero que la lleva incluso a plantear la huida hacia el lugar más lejos posible. A partir de ahí, la catarsis se interrumpe y el ritmo también, y aunque no se entendería en toda su amplitud sin los dos segmentos centrales, Koolhoven no es lo suficientemente hábil como para evitar caer en una cierta monotonía. Y, sí, no existiría sin esa obra imperecedera que es LA NOCHE DEL CAZADOR.
Si tienen tiempo, no se la pierdan.
Saludos.

2 comentarios:

Mister Lombreeze dijo...

Completamente en desacuerdo. Me parece una aberración cinematográfica. Con gore innecesario y que se precipita hacia el ridículo. Una pesadilla folletinesca que se pasa de frenado.

dvd dijo...

A mí me gusta a cachos. Unos más que otros. Cómo empieza, básicamente; luego, es cierto que desbarra bastante.

... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...

¡Cuidao con mis primos!